¿Os acordáis cuando os hablé de cómo afectaba el exceso de calor a los resultados escolares? Os lo resumo:
En un artículo de 2016 que estudió más de 4,5 millones de exámenes de casi un millón de estudiantes de la ciudad de Nueva York en los cursos escolares 1998-1999 a 2010-2011, concluyó que hacer los exámenes en momentos de más calor reducía de forma significativa el rendimiento del alumnado.
Para el estudiante medio de secundaria de la ciudad de Nueva York, hacer el examen a 32,2°C (90 F) en lugar de hacerlo a 23,8°C (75 F) implicaba una probabilidad un 10 % menor de aprobar una asignatura, y una probabilidad significativamente menor de graduarse a tiempo.
El 18 % de los estudiantes hicieron al menos un examen a temperaturas superiores a 23,8°C (75 F), bastante más veces que los estudiantes de finales de los 80.
Se estima que de 1998 a 2011 se hubo 510 000 exámenes suspendos, afectando a que más de 90 000 estudiantes pudieran graduarse en su año (son cifras conservadoras). Además de estos hallazgos, conviene tener en cuenta que «Estos resultados también sugieren que los estudiantes que realizan exámenes estandarizados en distintos climas pueden no estar en igualdad de condiciones medioambientales.»
Estudio: https://sci-hub.st/https://doi.org/10.3368/jhr.57.2.0618-9535R3
Tras el éxito de aquel y otros estudios, más y más evidencia empezó a brotar. La relación entre el calor y las malas notas se estudió en países como Indonesia, Tailandia, Brasil, México, Vietnam, Israel, Estados Unidos, Corea del Sur, España, Turquía, Francia y Países Bajos. Y las conclusiones son contudentes: «la exposición al calor durante el periodo de aprendizaje, en igualdad de condiciones, ralentiza directamente el ritmo de formación de capital humano, en parte por las persistentes perturbaciones del proceso de aprendizaje».
Estudio: https://sci-hub.st/https://www.nature.com/articles/s41562-020-00959-9
(Sigue)