Cuando el perfeccionismo me hace sentir mal con respecto a mi trabajo, me digo a mí misma esto:
Hay dos tipos de profesores que la gente recuerda toda su vida: los que les marcaron para bien, y los que les marcaron para mal. Pero la mayoría de profesores que uno tiene caen en el olvido o son una mera anécdota que no se acompaña de emociones en particular, no dejan demasiada huella.
Tu objetivo no es marcarles la memoria para bien a todos: dejar huella en todos es algo que solo unos pocos profesores logran, normalmente logramos conectar más con unos alumnos que otros y para la mayoría solo somos un profe más.
En cambio, no marcarle la memoria para mal *a nadie* sí debe ser tu objetivo. Como para los profesionales de la salud: primum non nocere, lo fundamental es no causar daño. Que tu negligencia no abandone a un alumno en una situación complicada o se traduzca en no enseñar absolutamente nada, que tus inclinaciones no te lleven a tratar a un alumno de forma prejuiciosa, que el desgaste no te lleve a pagar con un menor tus frustraciones, que ningún alumno se sienta menospreciado o maltratado por ti.
La figura del profesor inolvidable está ahí, poniéndote a prueba y haciéndote sentir chiquitita e insuficiente. Pero en realidad ser olvidable está bien: significa que has cumplido con tu trabajo, que al fin y al cabo es lo que ser profesor, un trabajo. Y, a lo mejor, un día un alumno te recuerda a ti o a una persona cercana y logras ayudarle en algo o encuentra un apoyo en ti, y ese alumno te guarda en su corazón y tu a él. Y si no, pues tampoco pasa nada. Solo haz tu trabajo, sé buena y trata de enseñar algo.
#claustrovirtual