Jorge Alberto Hidalgo Toledo

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Sumo, resto, multiplico. Poeta, escritor, investigador, analista de medios, investigo temas de internet, sociedad de la información, nuevos medios, cultura digital, redes y procesos. PhD en Comunicación Aplicada. Beduino del pixel, vagabundo del lenguaje, indigente de la image y albañil del hipermedio.

Expresidente de la Amic; del Coneicc; y Vicepresidente de la Academia Mexicana de la Comunicación.

Soy palabra, somos código, identidades hipermediales.

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Entre plataformas te veas... hello darkness my old friend...
Memoria eterna de la que sólo quedan estampas de esa vida en soledad.
Ambigüos,
Todo es incierto,
Superficial,
Ligero sin peso,
Sin sombra ni reflejo,
¡Henos aquí!
Intentando disuadirnos de que amerita morir por este tipo de inmortalidad,
Una que se impone a la voluntad,
Una que convierte el hacer en ser,
Una incapaz de dotar de sustancia a una conversación,
Decir algo
Y no terminar en el espacio sideral.
El pretexto de la encarnación,
Una llama encendida,
Un criterio para separar el bien del mal,
Una oración,
Una virtud,
Un termómetro para medir la sangre fría,
Un simpatizante celoso,
Una pena menor,
Ella lloraba.
La música le recordaba a su padre,
Esa habitación cargada de recuerdos,
No era puerta hacia el Atlántico,
Sino a su interior.
El amor
Y un mundo que aún no puedo imaginar…
Velas,
Antorchas enloquecidas atraviesan Tokio,
Puentes en dirección opuesta
Canales
Temperatura ambiente,
Refugiados
Y falta de oxígeno.
Se lanzaron a la mañana siguiente
Cadáveres hervidos
Aire caliente,
Metros,
Toneladas de papel.
La tempestad.
Con el nuevo día resultaron heridas,
Resultaron calcinados,
Sin hogar,
Satisfecho.
Destruidos,
Desaparecidas.
Industriales.
Ese cielo que me abraza
Y todo ese fuego que arde,
Un nombre,
El tuyo
Y toda nuestra historia concentrada en un segundo,
En la explosión de aquél momento,
Un número,
Un segundo,
Tu nombre,
El caos que me produce
El mundo que pasa
Como si fuese un desplazamiento fuera de mí.
Soy la muerte.
Fuego,
Inmensa confusión
Aterradora noche
Insensibles ante la inmensa tragedia
Según el testimonio,
Como un bosque
Las hogueras aún se podían distinguir unas de otras.
El fuego comenzaba a extenderse.
Fulgor.

Ecos del suyo propio

Nombre de pila,
Una joya en la vida,
Reconocimiento,
Levantar una copa y festejar al menor momento,
Aullido enfermo,
La curiosidad del encuentro y esa felicidad que te la debo a ti;
A esos ojos húmedos que obedecen mi canto,
La verdad íntima en el silencio,
En la explosión de aquellos días,
Un deseo,
Un mandamiento
Y el desaliento ingenuo de no encontrarlo ahí,
En ese punto que afirmaba ser el último rincón del mundo.
Un momento,
Mis fragmentos,

Un torbellino de sepulturas,
De psicólogos,
Psiquiatras,
Contadores y uno que otro educador.
Ansia de ser,
De aparentar ser absolutamente moderno,
Ansia por borrar toda esa huella digital.
La actualidad nos hizo elegantes,
Estrellas de televisión,
Actores de un melodrama,
Los reyes de la simulación.
Ingenuo como el rostro de la gente.
Nos hemos convertido en asesinos de lo que algunos llaman hoy felicidad.
Despreocupados radicales de la tragedia que es el mundo
Y la pasarela de la razón.
El propio yo es un asno total
En medio de las paradoja de la actualidad
Unos nazis,
Unos comunistas,
Unos populistas,
Una competencia absurda por eliminar la inteligencia de toda argumentación.
En silencio,
Atrapados en un par de frases,
En ese último aliento que queda antes de las despedidas.
Luchar y ponernos de rodillas,
Luchar a favor de algo,
Luchar por algo noble y hermoso,
Luchar simplemente por…
Por estar en contra de algo,
De alguien,
Quizá del mundo,
Quizá de nosotros,
De la sorpresa de ser.