¿Sabían que las primeras operaciones bancarias de la historia de la humanidad no nacieron en oficinas corporativas ni en palacios reales, sino en el interior de templos religiosos sagrados de la antigüedad?
Los registros arqueológicos demuestran que en las civilizaciones de Mesopotamia y Babilonia, hacia el año 2000 antes de nuestra era, los ciudadanos comunes y los comerciantes depositaban sus granos de oro, plata y cosechas en los templos de los dioses por considerarlos los lugares más seguros frente a robos y saqueos militares. Los sacerdotes, encargados de la administración de estos recintos, comenzaron a documentar los depósitos en tablillas de arcilla y a otorgar préstamos de grano a agricultores y mercaderes locales a cambio del pago de un interés fijo regulado por las leyes del Código de Hammurabi. Siglos más tarde, durante el Imperio Romano, la actividad se trasladó a las plazas públicas, donde los cambistas profesionales instalaban largas mesas de madera llamadas bancas para realizar transacciones de divisas e intercambios comerciales. Si un prestamista se declaraba insolvente por mala gestión financiera, las autoridades destruían físicamente su mobiliario de trabajo en presencia de la comunidad, dando origen al término legal de banca rota.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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