A veces nos pasamos la vida esperando a que pase "algo" para empezar a disfrutar: que llegue el finde, que nos suban el sueldo o que aquel problema se esfume.
Y mientras tanto, nos olvidamos de que la vida es esto que está pasando ahora mismo, con sus líos y sus imperfecciones.
He aprendido que cuando dejas de pelearte con tu realidad y empiezas a llevarte un poco mejor contigo, el paisaje cambia.
No es que los problemas desaparezcan por arte de magia, es que tú ya no los miras con la misma cara.
Al final, casi todo lo que buscamos fuera —esa validación o esa paz— resulta que ya lo llevábamos encima, solo que nos faltaba darnos cuenta de lo que valemos.
Menos esperar a que todo sea perfecto y más disfrutar de lo que hay, que el tiempo vuela y no avisa.
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