Si hablo mucho del teletrabajo y de que habría que ponerlo en marcha ya es porque el último día que pisé una oficina, si no me fallan las cuentas, fue el 16 de marzo de 2020.
Y cada día que pasa me parece más barbaridad tener que ir a un escritorio que está a kilómetros de distancia a hacer lo mismo pero con más ruido. Debería justificarse la necesidad de la presencialidad y no al revés.

YAS!
