Yo antes creía que el lavado de cerebro no funcionaba si el sujeto se rebelaba contra él mientras se lo intentaban hacer.

Creía, de hecho, que era contraproducente.

Por ejemplo: un chaval harto de las charlas sobre el bulling, puede reaccionar a la contra la enésima charla que le dan sobre el bulling.

Después de trabajar unos meses en Secundaria ya no pienso así.

De hecho, creo que el enfado que nos provoca vernos expuestos a un lavado de cerebro a sabiendas de que nos están lavando el cerebro es que sabemos que funciona, que surte efecto.

Aunque lo rechacemos conscientemente, inconscientemente va calando y moldeando nuestro futuro comportamiento.

Ahora pienso en cómo mi yo adolescente se rebelaba contra las "pesadeces" que mi madre me repetía una y otra vez y hoy configuran esencias de mi personalidad.

Mi conclusión docente es que ninguna cara larga, ningún hartazgo o rebelión pasivo agresiva, debería ya disuadirme cuando les lavo el cerebro a mis alumnos. 😅

@miguelespigado muy bueno esto porque sí: la mera exposición, aunque sea a la contra, te cambia. Puedes seguir repitiendo actitudes de mierda, pero ahora ya sabes que son actitudes de mierda, y los de alrededor también lo saben y sabes que lo saben.

Lo que no sirve de nada es que ni conozcas las palabras, significados y dónde se posicionan. Aquí tienes este cuchillo, puedes usarlo mal, pero TIENES el cuchillo, si no lo tienes tampoco puedes usarlo bien. Ni cambiar con el tiempo.

@miguelespigado al revés se puede ver también: el fascismo gana controlando el mensaje, aunque estés muy a la contra. Si no se habla de lo que necesitamos que se hable, aunque enfade, ya han ganado.
@Paroxia totalmente, y ahí está toda la publicidad que te hace desear cosas que no quieres. Estamos rodeados de mensajes persuasivos de mierda y la única manera de contrarrestarlos a menudo solo puede ser más persuasión.