🥐 El croissant no es francés.
Empezó como un kipferl austriaco del siglo XIII. Llegó a París en 1838 de la mano de August Zang, un oficial de artillería que abrió una panadería vienesa.
Los franceses lo adoptaron y lo transformaron con masa de hojaldre levada a principios del siglo XX.
En 1920 lo nombraron producto nacional.
La leyenda del asedio de Viena es bonita. Pero es más mito que realidad.
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