Para quienes aún no lo sepan (no es ningún secreto, pero tampoco hago bandera de ello): soy una persona bastante enferma desde hace ya unas cuantas décadas. Movidas como dermatitis atópica, un desequilibrio semi-autoinmune de IgE y osteoporosis hacen mi día a día muchísimo más divertido que el de una persona normal™.

Pero desde hace un par de años, mi salud se ha fortalecido. La osteoporosis se ha reducido, aumentando la densidad ósea; estoy recuperando vitaminas que llevaban tiempo medicadas como la D; mi piel está mejorando de forma notable y es ya raro que me den episodios; prácticamente nunca me aborda el asma (que se activaba ante episodios de media o alta actividad); mis niveles de anticuerpos están más regulados y todos los parámetros de salud medibles con rayos, análisis de sangre o extracciones varias han mejorado.

Hace un par de años empecé a moverme en bicicleta. ¡Dentro hilo!

Antes de nada: disclaimer. No soy personal sanitario, no tengo ningún tipo de formación médica. Lo que sí tengo son dos décadas de preguntas a mis médicos y médicas (que paciencia la suya), estudio de mis propias enfermedades y más visitas al hospital de la que me hubiese gustado. En la penúltima visita al hospital, a mediados de febrero (ayer tuve que ir a otros análisis, mi vida es apasionante) la reumatóloga me dijo textualmente "lo que sea que estés haciendo, sigue con ello".

Estuvimos hablando 40 minutos sobre mis análisis, márgenes de error en la toma de muestras e importación de datos. Me imprimió un total de 18 láminas de marcadores sanitarios, aunque se centró en su campo: los huesos. Yo le digo que ella es mi huesóloga de referencia, le cojo cariño rápido a la gente que me cuida, por lo que sea. Nivel que la huesóloga previa, que se jubiló hace unos años, acabó reseñando un libro mío y que mi primera alergóloga me invitó a su jubilación. ❤️

Ahora, ¿qué tiene que ver la recuperación ósea con la bicicleta? Esto es algo que en medicina se conoce desde hace muchísimo, de hecho en mi trabajo fin de carrera trabajé allá por 2010 sobre este principio: las fuerzas mecánicas de la actividad física, como impactos moderados y cargas rápidas, generan tensiones que activan un mecanismo de señalización a los osteocitos para su actividad celular.

Los osteoblastos son un tipo de célula que construye hueso, al igual que los osteoclastos lo destruyen. Ambas son células clave para la remodelación del tejido óseo. Los osteoclastos degradan y reabsorben hueso viejo o dañado mediante procesos enzimáticos y ácidos. (Gente de medicina, no me matéis, es una simplificación). La cosa es que las cargas mecánicas del pedaleo durante más de una hora diaria, mes tras mes, ha generado un impacto positivo en mi densidad ósea.

Luego está el tema de la dermatitis atópica inducida (en parte, pero no totalmente) por un desequilibrio en la inmunoglobulina E (IgE). La IgE es un tipo de anticuerpo totalmente natural producido por el sistema inmunitario. Si habéis visto de peques la serie de 'Érase una vez el cuerpo humano', son los humanoides de traje blanco que luchan contra "los malos" dentro de un organismo.

El problemilla que tenía yo es que mi cuerpo (alegre él) producía más de cinco veces más IgE de lo que viene a ser normal. Tengo las fábricas a tope. Y les da por causar desperfectos porque mi cuerpo sobrerreacciona a cualquier estímulo. Para mi desgracia, niveles elevados de IgE contribuyen al desequilibrio en dermatitis atópica, promoviendo inflamación crónica junto a otros factores como barrera cutánea defectuosa. Vamos, todo mal.

Una doctora me dijo que lo que yo necesitaba era volver a nacer, pero que la industria farmacéutica solo dominaba la parte de dejar de existir. 😂

¿Y cómo es que la movilidad en bicicleta ayuda a este ciclo? Pues que ejercicio aeróbico moderado reduce significativamente los niveles de IgE (concentración de inmunoglobulina E). Por descontado, tengo que tener muchísimo cuidado con no sudar, especialmente de camino al trabajo, porque esto agravaría los síntomas de la dermatitis. Pero con la asistencia eléctrica resuelvo este problemilla.

Y luego tenemos, entre otras movidas, el asma. El asma y el ejercicio tienen una relación rara. Por ejemplo, mi asma se desencadenaba con ir al gimnasio hace unos años. Es lo que los medicólogos llaman "asma inducida por ejercicio" en un alarde de originalidad. Yo me chutaba el flus flus ese de la boca siempre que iba a entrenar. Y ahora que no voy a entrenar, ya apenas me hace falta. ¿Por qué?

Pues por varios motivos, todos ellos complejos. Para empezar, la bicicleta tiene una cadencia regular (como la marcha, nadar algún estilo o subir escaleras): primero una pierna, luego otra, luego la primera, etc. Esto hace que la cadencia del ritmo de la respiración sea más regular, menos brusca, menos explosiva, más monótona.

Luego tenemos que la actividad moderada frecuente mejora la capacidad aeróbica, es decir, la habilidad del sistema cardiovascular y respiratorio para suministrar oxígeno a los músculos durante esfuerzos prolongados de intensidad moderada. Por eso se recomienda empezar un hábito de este tipo suave suavecito. Primero realizando esfuerzos moderados, y aumentando intensidad con las semanas. Así entrenas diafragma y músculos como los del corazón.

Y por último, la actividad física regular previene obesidad y sedentarismo, lo que a su vez se asocia con cuadros de asma menos severos, menos largos y menos frecuentes. La obesidad y el sedentarismo son situaciones de riesgo.

@euklidiadas y respiras al aire libre en lugar de hacerlo en una habitación cerrada a cal y canto