Inicia la trama: joven española, mona y algo inconsciente, acepta un puesto de maitre en un restaurante en una isla griega. Cuando llega, una semana tarde, se encuentra con que el puesto ya está pillado. En cualquier caso tampoco habla griego (y le da miedo el mar). Aún así, el dueño del bar (Matt Dillon, bastante ausente todo el rato) le ofrece otro puesto.
Ella se prenda de él al instante. Pero al instante, vamos. Posiblemente el empanamiento y que conserve el tipo a los 60 resulta atractivo.
Pero es Dillon el que acude a la cita y, oh chorprecha, mata a Graciosillo tras una breve discusión que dura lo justo para que sepamos que el pasado de Dillon es, más que misterioso, chungo que te cagas.
A partir de aquí queda claro que el pasado del que Dillon trataba de huir lo ha alcanzado a la fuerza, y que hubiera sido mejor dejarlo languidecer en su isla y en su restaurante, ajeno al amor y a las pasiones, que no le sientan bien al muchacho.
Con Dillon muerto y Álex con su corazón roto sólo falta un final purificador. Y qué hay más purificador que meterle fuego a todo. Total, el restaurante ya no va a levantar cabeza. "El restaurante de la muerte", lo apodarían en Trip Advisor.
Aquí no queda más que meter zoom out, sobreimpresionar créditos y meter canción triste. "Alexandra leaving" (Leonard Cohen / Sharon Robinson, interpretada por Sofía Córdoba) Otra cosa igual no, pero Trueba tiene un gusto musical impecable.