El uso del ChatGPT en la educación lo encuentro positivo para que los alumnos puedan aprender y familiarizarse con una tecnología que no emula, ni puede emular la unteligencia humana. Es decir, su propia inteligencia. ¿Por qué digo esto?
La cultura de los datos, o que todo gire alrededor de los datos hace que no veamos más allá de muchas situaciones. Lo importante es la relación entre el input y el output. De DÓNDE vienen los datos, y qué resultado arrojan, y sus consecuencias.
Si nos centramos en el ChatGPT, ¿de dónde vienen sus datos? Bueno, es una tecnología opaca, pero hemos leído mucho sobre eso: de millones de papers, vídeos, libros, nuestros datos, y así un sinfín de fuentes.
Pero, también es importante, no sólo el origen de los datos, sino qué tipo de pregunta queremos responder con esa información. Y aquí entra lo que aún la tecnología no ha conseguido, pero el ser humano lo hace con total facilidad: el conocimiento del mundo, junto con los datos.
Así lo manifestó Judea Pearl, y es así como quizás debemos explicar este tipo de tecnología: Nos gustaría construir sistemas en los que los datos sean entendidos como un instrumento, o una ventana, a través de la cual buscamos interrogar la realidad del mundo que nos rodea.
Lo que estoy diciendo no se sabe si es posible, es el trabajo del razonamiento causal, lo que hace que un ser humano haga inferencias. En definitiva, el ChatGPT no tiene estas características, ni ninguna tecnología, pero ahí reside la ventaja en usarlo. Entrar en pánico es compararlo con nuestra inteligencia, y nada más lejos de la realidad.