Lunes de reseñas del amor:
Nada es más personal que regalar un libro y a mi me dieron este para mi cumpleaños (mi amorcito lo bien que me conoce). Como si lo hubiera pedido con el pensamiento me regaló Siete casas vacías de Samanta Schweblin y no me defraudó. Grité al abrir el papel y lo devoré en dos días y solo porque soy mamá y no lo pude terminar en uno.
Siete casas vacías, logra en cada relato hacer de lo cotidiano una instancia perturbadora y lo perturbador, algo cotidiano con lo que lidiar. Hay algo en los personajes que te hace mantener distancia de la locura y al mismo tiempo hacer sentir que “en cualquier momento esto podría pasarme a mí”.
Los relatos de siete casas vacías, alteran los narradores, siempre con un narración ligada a la soledad y el dolor que logra traspasar el papel y hacer sentir al lector las más variadas sensaciones. Empatizamos con lo extraño porque lidiamos con nuestra realidad en los bordes y eso, Schweblin lo maneja con maestría en su escritura al hueso, mostrando esa atmósfera triste sin necesidad de describirla.
Editorial Páginas de espuma