LOS VELEROS DE LA CARRERA DEL TÉ

(Por si queréis algo chulo como trasfondo en una de vuestras aventuras).

A lo largo del sXIX, el consumo de té indio en el Reino Unido se popularizó lo suficiente como para convertirse en todo un mercado de gran importancia.

Cada año, se recogía la cosecha de té y había que transportarla a Inglaterra, donde numerosas empresas ofrecían grandes cantidades por comprar el primer cargamento. El barco que llegara con la primera carga del año podía ganar enormes cantidades de dinero.

Podéis imaginaros la carrera que se producía, cada año, entre varios barcos que pugnaban por ser los primeros en hacer el viaje.

Es en este contexto que en el puerto Aberdeen, en Escocia, se construye el Scotish Maid. El Scotish Maid fue el primero de un nuevo tipo de barcos, unos veleros con una cantidad enorme de velamen que los volvía tremendamente rápidos. Son los llamados clíper y serían los barcos más rápidos para hacer trayectos largos hasta bien entrado el sXX.

¿Los más rápidos? Os preguntaréis ¿y los barcos de vapor? añadiréis ¿Vas a contestar o vas a seguir haciendo preguntas retóricas? indagaréis.

Sí, los barcos de vapor eran capaces de competir en velocidad en trayectos cortos, pero ¡ay amigo! en los trayectos largos no.

Y es que, el carbón se acababa y había que parar en puerto a repostar, perdiendo un enorme tiempo. Ningún vapor podía competir en la carrera por el té, esto era cosa de los clíper que crecieron en velamen y velamen hasta llegar a algunos niveles desproporcionados.

Pero, todo cambió radicalmente en 1869. Ese año se inauguró el Canal de Suez y, repentinamente, los vapores cobraban ventaja. No es ya que el trayecto fuera sensiblemente más corto, es que los barcos de vela tenían prohibido el acceso al canal, por motivos operativos.

La Carrera del té empezó a ser dominada por los barcos a vapor, pero este no fue el final de los clíper ni mucho menos. Seguían siendo la opción más rápida para recorrer largas distancias. Y era algo que explotaban sobre todo en el transporte de pasajeros.

Y, además, surgió una nueva carrera. En Chile empezaron a producirse cantidades infames de salitre, algo que entonces era tremendamente demandado para fabricar abonos. La ruta de Chile a Europa se mantuvo poblada de clípers cargados de salitre hasta la década de 1930.

Y es que en la década de 1930 fue cuando empezó a utilizarse un nuevo método que extraía el nitrógeno del aire, haciendo innecesario el transporte de salitre desde Chile.

A partir de ahí los clípers ya entraron, definitivamente, en decadencia.

Hoy se conservan varios de estos hermosos navíos, a modo de museos. Solo uno de ellos sigue en activo:

El Kruzenstern, que fue botado con el nombre de Padua en 1926 y, casi un siglo después, sigue surcando las aguas actuando como buque-escuela para la armada rusa.

@Tiberio Muy interesante. No imaginaba que los Clipper pudieran tener ventajas sobre los vapores.
Por cierto, según sé, hay más Clipper en función. Hay una naviera -Star Clippers- que mantiene una pequeña flota con fines turísticos de lujo. Los vigilo constantemente porque se encuentran en mi lista de vacaciones por considerar en los próximos años. Aunque son naves de manufactura más reciente, no dejan de ser Clippers en esencia.