Pablo Motos, dada su
repugnante y babosa
hemeroteca, podía haber
optado por reconocer
su machismo en el mejor
de los casos o directamente
haberse callado en el peor
de los casos, pero decidió
huir hacia adelante
haciendo el ridículo más
espantoso.
Pero quien necesita hacer
un poco más de autocrítica
es Irene Montero.