Entonces la noticia estrella era el genocidio
en Ucrania a causa de las colectivizaciones,
campaña iniciada el 18 de febrero de 1935
en el periódico sensacionalista de Hearst
"Chicago American". A través de Hearst
la Gestapo avanzó las primeras cifras: 6 millones de muertos por hambre en Ucrania.
¿Qué hay de cierto en ello?
Ucrania era conocido como el "granero de Europa", un país agrícola muy rico, ambicionado
por Alemania y otras potencias imperialistas rivales como despensa alimenticia en sus
preparativos de guerra. Cuando en 1935 el PCUS promovió la colectivización, 120 millones de
campesinos pobres se levantaron contra los kulaks, unos 10 millones de terratenientes que a
través de los koljoses se habían enriquecido con el socialismo.
Se abrió un periodo de fuertes luchas en el campo, en toda la URSS. Los kulaks reaccionaron armándose y creando bandas que asaltaban a los campesinos pobres, incendiaban los graneros y destruían las cosechas.Surgió la escasez de grano y el hambre, lo que finalmente desembocó en epidemias, un fenómeno muy común en aquella época, ya que la penicilina no se inventó hasta la segunda mitad de los años cuarenta. Por ejemplo, en Europa occidental una epidemia de la llamada "gripe española"
causó 20 millones de muertos entre 1918 y 1920.
La colectivización, por tanto, no causó ningún estrago especial entre la población ucrania,
más que la propia del aplastamiento de la reacción kulak. Por el contrario, fue la
colectivización la que permitió el aprovisionamiento del Ejército Rojo y de los obreros
soviéticos en la guerra mundial que estallaría sólo seis años después. En la guerra mundial, los
kulaks supervivientes de la colectivización volvieron a Ucrania y colaboraron en la invasión
nazi,
privatizando las tierras de nuevo y asesinando a los
campesinos por millones. Pero de estas matanzas nada ha difundido el imperialismo.
ROBERT CONQUEST TOMA EL RELEVO DE LA GESTAPO
La guerra mundial no acabó con la URSS
como pretendieron las grandes potencias
imperialistas. Por el contrario, el socialismo
salió reforzado de la misma, obligando a una
nueva ofensiva de guerra psicológica para
encubrir su tremendo fracaso. Incapaces de
derrotar por la guerra al socialismo,
desataron una forma singular de agresión
permanente y larvada: la guerra fría
En Estados Unidos el senador McCarthy
inició una violenta campaña de persecución
contra los comunistas y cualquier asomo de
movimiento progresista que acabó
extendiendo por todo el mundo como una
fiebre de histeria. Desempolvaron los viejos
argumentos de la Gestapo y Hearst. En 1953,
financiado por los exiliados ucranios en
Estados Unidos, se publicó el libro "Los
sucesos negros del Kremlin"(1) en el que se
inventaban toda una serie de matanzas
truculentas en la URSS.
Pero el personajillo que se especializaría en esta tarea fue Robert Conquest, ex-agente de la
policía británica elevado unos años más tarde a profesor de la Universidad de Stanford en
California, que escribió en 1969 "El gran terror" y en 1986 "Cosecha de amarguras"(2).
Aquel mismo año escribió por encargo de Reagan un libro inolvidable cuyo título lo dice todo
acerca de su talla universitaria: "¿Qué hacer cuando los rusos vengan? Manual de
supervivencia".
La fuente de información de Conquest eran los kulaks ucranios que habían colaborado con el
Ejército hitleriano en la ocupación de la URSS y que los Estados Unidos acogieron después
como exiliados políticos. La mayor parte de esos ucranios eran criminales de guerra, como Mykola Lebed, jefe de seguridad en Lvov durante la ocupación nazi que colaboró en la persecución contra los judíos en aquella ciudad en 1942. En 1949 Estados Unidos le acogió como desinformador y comenzó a trabajar para la CIA.
Las siniestras conexiones de Conquest no fueron conocidas hasta que el periódico británico
The Guardian las desveló en un artículo publicado el 27 de enero de 1978. Los servicios
secretos ingleses habían creado en 1947 para la guerra fría un departamento especial
dedicado en exclusiva a la intoxicación periodística que se llamaba IRD (Information
Research Department), aunque su nombre originario era también bastante ilustrativo:
Communist Information Department.
Su tarea era combatir la influencia comunista entre el proletariado británico con noticias e informaciones inventadas, por medio de contactos en las redacciones de los periódicos y en las emisoras de radio, comprando noticias, sobornando a los periodistas, etc. Cuando en 1977 se disolvió por sus escandalosos contactos con los fascistas británicos, se comprobó que unos 100 periodistas conocidos de la prensa, radio y la televisión cobraban de sus presupuestos y que regularmente recibían "informes"
para su difusión.
Conquest fue agente del IRD desde los comienzos hasta 1956 y su tarea era escribir "noticias"
siniestras de la URSS para difundirlas en la prensa y la radio.
Su libro "El gran terror" no es
más que una recopilación de los artículos sensacionalistas que como agente del IRD escribió
durante años sobre la URSS. Una tercera parte de los libros fueron comprados por la
editorial Praeger que es la que habitualmente distribuye los libros de intoxicación de la CIA.
Y por su libro "Cosecha de amargura" Conquest cobró 80.000 dólares de los exiliados
fascistas ucranios.
LAS CIFRAS DEL GULAG
Según Conquest (y tras él toda la propaganda
imperialista) los bolcheviques mataron a 26 millones
de personas, con el siguiente desglose: 12 millones
de presos ejecutados entre 1930 y 1953 y otros 14
millones muertos de hambre en la década de los
años veinte.
También siguiendo sus cálculos, en 1950
había de 25 a 30 millones de presos en los campos de
trabajo soviéticos, de los que 12 de ellos eran
"presos políticos", o sea contrarrevolucionarios.
Añade que en las depuraciones de 1936 a 1939
fueron ejecutadas un millón de personas y otros dos
millones murieron de hambre. El resultado de estas
depuraciones serían 9 millones de "presos políticos"
y 3 millones de muertos.
Soljenitsin, un fascista-zarista que recibió el Premio
Nobel de Literatura(3) en pago a sus "servicios",
infló todavía más las cifras de Conquest. Según él,
los bolcheviques mataron a 110 millones de
personas: 44 millones en la II Guerra Mundial y
otros 66 millones desde la colectivización hasta la muerte de Stalin en 1953. Finalmente,
calculaba que en 1953 en los campos de trabajo había 25 millones de presos.
Estas son las cifras que luego la prensa imperialista ha reproducido millones de veces por todo
el mundo, por supuesto de fuentes "fidedignas".
LOS ARCHIVOS DEL KGB
Naturalmente, las conclusiones de la apertura de los
archivos secretos por Gorbachov en 1993 no han recibido
la misma dimensión informativa y sólo han alcanzado a
las publicaciones científicas restringidas. Las
conclusiones del estudio se han compendiado en 9.000
páginas redactadas por tres académicos rusos
(Zemskov, Dougin y Xlevnjuk) nada sospechosos de
simpatías stalinistas. Estas conclusiones han sido
reproducidas también por Nicolas Werth del CNRS
(Instituto Francés de Investigaciones Científicas) en la
revista "L'Histoire" en setiembre de 1993, y por J. Arch
Getty profesor de Historia de la Universidad de River
Side en California en la revista "American Historical
Review".
Todos los informes académicos son unánimes en desmentir la campaña tergiversadora.
En la URSS en 1940 existían 53 campos y 425 colonias de trabajo, los famosos "gulags". Se
diferenciaban porque las colonias eran más pequeñas y con un régimen penitenciario más
relajado que los campos y a ellas se destinaban los presos con condenas más reducidas. En los
campos y colonias los presos no estaban recluidos en espacios cerrados sino que trabajaban y
cobraban el mismo
sueldo que los demás trabajadores, sobre la base del principio de que los
presos no podían resultar una carga para la sociedad. Trabajaban durante su jornada laboral
(7 horas diarias) y luego debían recluirse en los recintos
cerrados y custodiados. En la URSS no había cárceles como las que conocemos aquí, en las
que impera la ociosidad: trabajar era una obligación para todos, y no un derecho. Imperaba
el conocido principio general de que "quien no trabaja no come".
En 1939 en los campos y colonias había un total de 2 millones de presos, de los que 454.000
eran contrarrevolucionarios. De ellos murieron 160.000 por causas diversas, especialmente
epidemias, enfermedades contagiosas y falta de medicinas. Después de la guerra, en 1950, el
número de contrarrevolucionarios presos subió a 578.000, pero el porcentaje de presos que en
total purgaban sus condenas nunca pasó del 2'4% de la población adulta de aquella época.
¿Qué significan estas cifras? Hagamos comparaciones...
En Estados Unidos hoy viven 252 millones de personas y hay 5'5 millones de presos en total, es
decir, un 2'8% de la población adulta. Más que en la URSS de la época de Stalin. Y Estados
Unidos ni padece un levantamiento armado de las proporciones de la guerra civil en la URSS,
ni tampoco la amenaza exterior de ninguna potencia. Por el contrario, la URSS surge de una
guerra mundial, padece una guerra civil,
una invasión exterior de las grandes potencias, un
sabotaje permanente de espías y contrarrevolucionarios y, finalmente, una nueva guerra
mundial. A pesar de ello, el número total de presos era inferior al actual
en Estados Unidos.
En cuanto a las muertes en los campos y colonias de trabajo, los porcentajes van del 5'2% en
1934 al 0'3% en 1953, lo que hace un total aproximado de un millón de presos, la mitad de
ellos en el periodo de 1934 a 1939, y siempre por causas involuntarias, como se demostró al
difundirse tras la II Guerra Mundial el uso de antibióticos, que redujo notablemente el
volumen de fallecimientos.
En la URSS existió la pena de muerte, que se ejecutaba sólo en los casos más graves de
levantamientos armados contra el socialismo. Dimitri Volkogonov, nombrado por Yeltsin jefe
de los antiguos archivos soviéticos, ha calculado en 30.514 el número de fusilados entre 1936 y
1938 y, según cifras actuales del KGB, desde 1930 hasta 1953 habrían sido condenados a
muerte 786.000 detenidos.
Pero esta última cifra no parece convincente y puede referirse al total de ejecuciones entre
delincuentes comunes y contrarrevolucionarios. Quizá pueda deberse también a que el KGB
contabilizó todas las sentencias de muerte, incluso aquellas que luego no se ejecutaban y se conmutaban por otras. En todo caso, puede decirse que los fusilamientos en una de las fases más aguda de la lucha de clases en la URSS entre 1936 y 1939, la época llamada del "gran terror"
entre los imperialistas, serían de unos 100.000. Por tanto, muy lejos de los millones de
la propaganda con la que nos han bombardeado durante años.
Pero hay detalles muy poco conocidos. Por ejemplo, hasta 1937 la pena máxima establecida por las leyes soviéticas era de 10 años, y el 82% de los condenados lo eran a penas inferiores a 5 años. Las penas dictadas por los tribunales populares eran algo superiores, pero en todo caso, sólo el 51% de los contrarrevolucionarios fueron condenados en 1936
a penas superiores
a los 5 años. Cuando en 1937 se elevó el tope de las penas, sólo el 1% de los
contrarrevolucionarios fueron condenados a penas superiores a los 10 años. Ni existía la
condena a perpetuidad como en Estados Unidos, ni nadie cumplía condenas de
más de 20 años, como en España.
Los comentarios, una vez más, sobran.
LOS CONVICTOS DEL GULAG
Pero todas esas cifras expuestas no nos daría una imagen ni siquiera
aproximada de la URSS en los años
treinta y las durísimas condiciones en las que se desarrollaba la lucha de
clases de los obreros y los campesinos pobres. Pese a la colectivización, los
kulaks no desistieron en su empeño de doblegar a los campesinos pobres,
asesinando a los militantes comunistas, a los funcionarios del Estado y a los
cooperativistas, incendiando las cosechas, provocando plagas,
matando a los
animales de trabajo y provocando el hambre. El Partido Comunista y los campesinos pobres
tuvieron que luchar en las condiciones más adversas porque los kulaks contaban con
importantes apoyos exteriores y tenían experiencia de años en el control de todos los resortes
del poder en el campo. Sin duda la represión debió ser dura y los kulaks más destacados por
sus crímenes fueron justamente ejecutados o condenados a los campos de trabajo. No
obstante, de los 10 millones
de kulaks existentes antes de la colectivización sólo resultaron
condenados 1'8 millones de ellos a diversas penas.
Es seguro que cuando la lucha es tan encarnizada y de tan vastas proporciones, se produjeron
errores, injusticias y venganzas particulares. Pero en su conjunto, la lucha fue acertada,
permitió subsistir a la URSS y salvó aún muchas mas vidas de las que costó. Y sobre todo:
esas vidas que se salvaron eran las de los obreros, los campesinos pobres, los cooperativistas
y
la población en general de todos los pueblos de la URSS.
Además, la situación no se ceñía exclusivamente al campo. También en las fábricas y en el
Ejército ocurría algo parecido. Numerosos cuadros y técnicos provenían de las filas de la
burguesía, ya que eran cuadros cualificados de los que no se pudo prescindir inicialmente. La
mayor de parte de ellos colaboraron lealmente con los obreros en los planes quinquenales,
pero otros saboteaban la producción, retrasaban los suministros, destruían la maquinaria y
boicoteaban las tareas,
causando un extraordinario perjuicio a la producción, en unos
momentos clave en que la amenaza exterior del imperialismo acechaba.
La revolución, cabe concluir, no es un camino de rosas, desgraciadamente. Pero no será
porque los revolucionarios estén sedientos de sangre. Es seguro que si los capitalistas
renunciaran voluntariamente a sus privilegios, todo resultaría más fácil. La Historia
demuestra que eso no ha sucedido nunca y que los que lo tienen todo no dudan en masacrar
a
los que no tienen nada para salvaguardar sus prebendas. Y luego encima nos vuelven la
historia del revés.
Notas
(1) "Black deeds of the Kremlin".
(2) "Harvest of sorrow".
(3) Por sus libros "Archipiélago gulag" y "Un día en la vida de Iván Denísovich"
@XimoVCAT Lo leí hace tiempo en un artículo de un blog titulado el artículo como "Desmontando la leyenda negra sobre la URSS" o algo así, con datos más detallados y todo. Estaría bien leer un hilo sobre si ¿es verdad que Stalin intentó matar a Tito? (Lo leí en la Wiki y lo cuestiono pero no todo en la WP es mentira) ¿Y qué tenía Tito de comunista?
@XimoVCAT De todo esto saco que los capitalistas son peores incluso que los nazis , a éstos los utilizan cuando la cosa se pone fea para sus privilegios y luego no dudan en hablar mal de ellos para regalar los oídos a quienes son un poquito de izquierdas y de colar lo de "los extremos se tocan" en el ideario popular. Sean neoliberales o neocon los capitalistas, unos falsarios.