Las becas de estancias breves se conceden para ampliar la formación del doctorando en otros grupos de investigación afines y por eso se fomentan.
Por otro lado, en la rama de la ciencia a la que me dedicaba es necesario salir al campo a recoger datos. Para ello se requieren:
* Coches 4x4 que nos permitan meternos monte a través.
* Instrumentos muy muy caros que realicen medidas de precisión.
* Comer, gasolina, etc… Es decir, dinero para las dietas.
Todo esto lo especifico por dos motivos:
* Yo he tenido la suerte de vivir en una ciudad pequeña con una buena universidad, por lo que con mi sueldo me he podido independizar al comenzar mi doctorado. Pero ya me diréis dónde va uno con 1135 €/mes en Madrid o Barcelona.
* TODOS los gastos de mi investigación han sido pagados con dinero público.
Y es en este segundo punto donde quiero hacer hincapié. Todo: mi sueldo, el de mi director de tesis, el dinero de las dietas de todos los que íbamos al campo a tomar datos, las facturas de estancia en hoteles, la gasolina, los coches, los instrumentos de medida… TODO, ha sido pagado con dinero público, con los impuestos de todos.
Da la sensación de que un científico vive a gastos pagados. Sin embargo, han sido necesarios años para poder llegar a tener el equipo del que yo he dispuesto en mi investigación. Si no estás en un proyecto de investigación no puedes cubrir gastos en campo, por lo que si sales es por amor al arte. Además, hay que hacer malabares con las facturas si quieres cubrir gastos, porque desde la administración te miran con lupa y cada vez que pasas una dieta tienes que demostrar que no eres un ladrón.
Ya me gustaría que cualquier diputado tuviese que pasar la mitad de controles que un científico a la hora de pasar una dieta… Pero bueno, a lo que voy. Con todo ese dinero (público) y después de todo el trabajo de recolección de datos, hay que realizar el procesado de los mismos. Para ello, en la mayor parte de los casos se necesita un software propietario que suele ser carísimo. Esto ya es un problema más añadido que normalmente se solventa con piratería.
Es cierto que existen muchas veces alternativas libres, pero o bien resulta más cómodo utilizar los privativos con crack (hay mucha más documentación debido a que copan la oferta de mercado) o bien sirven para tareas tan específicas que muchas veces, si quieres una alternativa o te la programas tú o te comes los mocos.
El tema es que una vez has recogido los datos, los procesas, obtienes resultados, los ilustras y redactas un artículo para una revista científica. Esta es la forma en la que todo ese dinero público invertido retorna a la sociedad: conocimiento, datos libres para que cualquiera se pueda beneficiar de parte de los impuestos que paga…
Sin embargo la realidad es muy distinta. Cuando vas a publicar te encuentras una realidad muy distinta: La mayor parte de las revistas científicas son propiedad de unas pocas editoriales y Todas son empresas privadas. Aquí la variabilidad es enorme, pero en todos casos el dinero vuelve a ser la clave. En algunas revistas tienes que pagar simplemente por publicar en ellas, en otras es gratis hasta cierto número de palabras y/o figuras y/o tablas.
En otras no tienes que pagar nada. Esto depende simplemente de su índice de impacto, es decir, de cuanta gente las lea. Si quieres publicar en Science o en Nature pasas por el aro, porque sabes que al día siguiente tu gran descubrimiento estará en las noticias y tendrá difusión. Además, ese tipo de revistas son muy muy selectivas y más del 90% de los trabajos que les llegan resultan rechazados de antemano, aceptando sólo los mejores titulares.
Realmente, la ciencia de calidad se publica en revistas con menor impacto, en las que el formato es más largo y se puede explicar mejor los métodos usados y los resultados obtenidos. Otro ejemplo de gastos extra a la hora de publicar en cualquier revista es si quieres incluir una figura a color. En ese caso debes pagar por el exceso de gasto a la hora de imprimir el volumen de la revista. El motivo por el que esto ya no tiene sentido es que nadie paga una suscripción física a una revista.
Todo el mundo lee los artículos que le interesan online, por lo que las figuras a color no representan un gasto real.
Todo esto nos lleva a qué es lo que pasa cuando alguien quiere leer un artículo científico, pues bien: pagar. ¿Cómo? ¿Pagar? ¿Pero no habíamos pagado ya con impuestos todos los gastos de la investigación? Pues sí, pero las editoriales se escudan en los gastos de distribución y de control de calidad, ¿Es esto legítimo? Pues depende:
Empecemos con los gastos que tiene una editorial en control de calidad. Las revistas científicas que se precien tienen un sistema de revisión de los manuscritos que les envían denominado two-peer review. Esto implica que les mandan tu texto a dos científicos de tu rama para que revisen que todo está correcto, que tu investigación es válida y que no estás cometiendo ningún error. En ocasiones se puede llegar a mandar hasta a tres, cuatro e incluso 5 revisores.
Claro, todo esto tendrá un coste, porque a esa gente habrá que pagarle por su trabajo de revisor, ¿no? Pues no. Los revisores son científicos que tienen las editoriales en sus bases de datos por haber publicado antes en sus revistas y que realizan un trabajo de revisión que a veces puede durar semanas de forma totalmente altruista y sin cobrar NADA por ello, por lo que a la editorial no le cuesta nada.
En ese proceso, el editor de la revista hace únicamente de enlace entre el autor del manuscrito y los revisores, los cuales pueden aceptar el artículo sin cambios (nunca pasa), con revisiones menores, con revisiones mayores o rechazarlo.
En el caso de que el artículo se acepte, la editorial le manda el manuscrito a una sucursal que tiene externalizada en la India normalmente donde pagan algo menos de 3000 €/año a las personas que se dedican a poner en formato el manuscrito para su publicación.
De ahí el artículo se publica en sus servidores en una revista online que muy poca gente paga por recibir en su versión impresa. Por tanto, los gastos de distribución son realmente los de mantener unos servidores y de publicidad.
Llegados a este punto alguien podría pensar: Pero yo cuando estaba en la universidad podía leer artículos sin pagar nada, ¿de dónde se saca este tío todo este papelón?
Pues bien, es muy común que las universidades (las públicas también) paguen suscripciones a las editoriales a un gran número de revistas con el fin de que los alumnos puedan tener acceso a un conocimiento que ya ha sido pagada con el dinero de todos. Así que sí, o los alumnos al pagar su matrícula o el estado al becarlos vuelven a pagar por tener acceso a una información que ya es suya. Existe sin embargo una alternativa a este robo que suelen ofrecer las revistas: otro robo.
A la hora de publicar, se le suele ofrecer al autor principal de un artículo que elija la opción “open access”, la cual permite que su artículo sea leído por cualquier persona que se interese en él por un módico precio adicional que debe pagar el autor que suele rondar los 2500 - 3500 $ en las revistas en las que yo he podido publicar. Y agarraos que aquí viene la guinda del pastel:
Cuando un autor o grupo de autores acepta publicar los resultados de su investigación en una de estas revistas, lo único que conserva del mismo es su derecho a ser reconocido como autor del mismo. El derecho de reproducción de los resultados pasa a ser exclusivo de la revista. Esto implica que una vez que publique mis resultados en una revista, si no tengo una suscripción a la misma pagada por mí o por mi centro de investigación, deberé pagar por tener acceso a un artículo escrito por mí.
Además, en caso de no pertenecer a ninguna institución que se gaste millones de euros en suscripciones editoriales al año y teniendo en cuenta que el acceso a cada artículo suele costar en torno a 30 $, ¿cómo se supone que debo pagar la documentación de un artículo normalito que de media contiene unas 80 referencias bibliográficas?
Ante esta sucesión de robos constantes por parte de un oligopolio en el que editoriales como Elsevier o Springer sacan tajada del conocimiento que debería ser público han surgido algunas sociedades científicas que pretenden plantar cara y diseminar la ciencia libremente en lugar de obstaculizar su acceso para obtener beneficios totalmente ilegítimos. Sin embargo, estas nuevas revistas no tienen un índice de impacto alto, por lo que casi nadie publica sus resultados en ellas.
Desde el mundo de la investigación se contribuye a mantener a las grandes editoriales simplemente en la forma en la que se mide la calidad de un científico. Los índices de calidad científica que sirven para obtener contratos en un mundo muy precarizado como la ciencia son básicamente el número de publicaciones que tengas y el impacto de las revistas en las que estas se encuentren publicadas.
Esto en la práctica se traduce también en una disminución de la calidad de producciones científicas por dos razones:
* Si tienes suficientes datos para producir un artículo largo y completo o dos artículos complementarios, vas a elegir la segunda opción. Produces lo mismo pero cuenta el doble.
* En la redacción de un manuscrito científico los autores pasan más tiempo muchas veces intentando dar un enfoque internacional a sus resultados que les permita llegar a una revista de mayor impacto que en el procesado de los mismos.
De esta forma, el científico pasa a ser un vendedor de motos que te dice las enormísimas implicaciones que tiene el estudio que ha llevado a cabo en una pequeña región del Sur de España, ya que explican los mecanismos de no sé qué fenómenos a escala mundial en unas condiciones ultraespecíficas. Cuando la realidad es que trabajas en una zona muy interesante en sí misma en la cual ocurren procesos que hasta ahora se desconocían pero sin repercusión más allá de eso.
Esto me lleva a un pequeño paréntesis: niños, la ciencia por la ciencia está muy bien en sí misma. No hace falta descubrir nuevas fuentes de energía todos los días ni curar el cáncer todos los meses. Eso está muy bien, pero la mayoría de los avances científicos comenzaron por intentar comprender algo desconocido, no por querer salvar el mundo una vez a la semana. Es más, los mayores avances científicos se han dado durante el desarrollo tecnológico de las grandes guerras.
Esto, desde mi punto de vista se debe a un menosprecio social y político por la ciencia, que lejos de verse como algo digno de financiar porque sí, tiene que avanzar recogiendo las migajas de lo que se escapa de las partidas de guerra.
Y no se me escapa, gran parte de la culpa la tenemos los científicos, que nos las damos de semidioses con conocimientos lejos del resto de la gente. El autoconcepto de los científicos como élite precariza tanto a sus condiciones laborales como a la ciencia.
Un negocio redondo

El negocio de la publicación científica está controlado por cinco editoriales multinacionales: el 53% de todos los artículos publicados en 2013 se hicieron bajo el nombre de estas marcasSe trata de un negocio redondo: costes marginales nulos y una demanda constante. Ante un escenario tan propicio, parece lógico que obtengan unos márgenes de beneficios entre el 18 y el 23%. El grupo Elsevier obtuvo unos beneficios netos récord en 2017: casi 2000 millones US$Gran parte de ese monto son pérdidas netas de dinero público que podría dedicarse a la investigación en vez de a repartir dividendos entre unos pocos accionistas. A mejorar, por ejemplo, las condiciones de un sector (también) precarizado y que es clave para el desarrollo económico y el bienestar social.

Pero volviendo al tema que nos ocupa: el libre acceso al conocimiento. Nadie ha conseguido plantar cara al monopolio de las grandes editoriales como Alexandra Elbakyan. Esta mujer es desarrolladora de software y neurocientífica, y podéis leer más sobre ella aquí: https://engineuring.wordpress.com/ y aquí: https://es.wikipedia.org/wiki/Alexandra_Elbakyan
Alexandra es la desarrolladora del sitio Sci-Hub, una plataforma que permite el libre acceso a casi cualquier artículo científico.
engineuring

engineuring
Cuando se intenta acceder a un artículo científico sin suscripción a una revista se pide que se pague por la descarga del pdf del mismo.
Sin embargo en Sci-Hub, lo único que se debe hacer es pegar la url del artículo en cuestión y en cuestión de segundos se accede al documento en sí.
Esta plataforma le ha supuesto a Alexandra muchos dolores de cabeza. Elsevier y otras editoriales la han demandado en varias ocasiones, consiguiendo el cierre de varios dominios, entre ellos Sci-Hub.org, cuya administración se encuentra en EEUU. No obstante, permanece activo Sci-Hud.tw. El problema es que le suelen tirar los dominios con frecuencia y cada cierto tiempo hay que estar pendiente de dónde se encuentra.

Me gustaría terminar este hilo agradeciendo la gran labor de esta mujer, que gracias a ella me permite continuar como puedo los últimos artículos de mi labor científica ahora que ya no me encuentro adscrito a ninguna institución investigadora.

Además agradecería la difusión de esta problemática a gente como @BerdaderaH , @pablomm o cualquiera que considere que haya que dar luz a este tema.

Muchas gracias.

FIN

@AnGobha @BerdaderaH @pablomm Enhorabuena por tu hilo! Yo quería escribir sobre esto pero tu hilo es insuperable. Si me permites me gustaría aportar un par de cosas. La primera es sobre derechos (cortita). La segunda sobre índice de impacto. Esto da para discusión...
@AnGobha @BerdaderaH @pablomm Primero sobre derechos. Es cierto lo que dices, una vez que firmas la transferencia de derechos estos los cedes al journal correspondiente. Peeeeero... Hay formas de "eludir" esto, yo lo hago y os aconsejo que lo hagaís como insumisión al embargo del conocimiento.
@AnGobha @BerdaderaH @pablomm El truco esta en que la propiedad intelectual prevalece sobre el embargo. Así que es legal subir en ResearchGate, por ejemplo, una copia de vuestros artículos en Word o en PDF. OJO!!!! Sin montar en los "templates" de las revistas!!! Importante esto. Los templates son suyos y si los subis con ese formato es ilegal. Pero las figuras y tablas etc. Siguen siendo vuestra propiedad intelectual.
@AnGobha @BerdaderaH @pablomm Sobre el indice de impacto. Esto es un caballo de batalla que tenemos algunos pero de dificil solución. Se han creado unos criterios de evaluación para la investigación que pueden resumirse a grosso modo en. Cuantos proyectos y de que cuantía has dirigido? Cuantos artículos y que índice de impacto tienen las revistas donde has publicado?
@AnGobha @BerdaderaH @pablomm Podría extenderme... Pero todos sabemos que lo primero depende de lo segundo. Es decir. Todo lo que somos como investigadores se mide por dos números: Número de papers. Índice de impacto. Esto es así para todo el mundo, incluido el monstruo de mil cabezas que es ANECA.
@AnGobha @BerdaderaH @pablomm Pero... Que es exactamente el índice de impacto? Pues basicamente mide cuantas veces se citan los artículos de una revista. Cuanto más se citen los artículos de una revista más índice de impacto tiene esta. Y aqui viene el problema. Asumir que la calidad de un trabajo científico esta relacionada con este índice es una aberración.
@AnGobha @BerdaderaH @pablomm Si un tema tiene muchos grupos trabajando en él (por ejemplo, mi área, ciencia de materiales) siempre va a estar muchisimo más citada que otras áreas (matemáticas, que me toca de cerca por mi hermano). Por un lado, esos científicos arrasan en criterios de evaluación, consiguen mejores puestos y más financiación.
@AnGobha @BerdaderaH @pablomm Pero es que además las revistas (cuyos ingresos dependen de tener mejores índices de impacto para que la gente mate por publicar ahí) juzgan no en base a la calidad sino que también buscan artículos en temas "de moda" que vayan a ser muy citados. Efecto bola de nieve clarísimo.
@RedBunny De hecho, mi artículo más citado lo es porque se cuela el topic "climate change" en un par de apartados y se habla de las fluctuaciones del nivel del mar en los últimos miles de años. Sin embargo, el objetivo real de esa investigación no tenía nada que ver con eso, lo que pasa es que necesitábamos tener al menos un Q! o Q2 para poder leer la tesis.