Me gustaría empezar con un hilo sobre ciencia inspirado por otro sobre software libre escrito hace poco por @ilich en el que se puntualizan algunos aspectos del origen de Linux y la filosofía detrás del software libre. De primeras uno piensa, ¿y qué mierdas tiene que ver una cosa con la otra? Pues bien: las licencias. Las licencias, patentes y demás mierdas para que un patrón acabe sacando beneficios por un trabajo ajeno.
No estoy en contra de que alguien saque beneficios a costa del rendimiento propio y se valga de un copyright para hacerlo. Lo que me parece perverso es que haya un sistema montado para que, o trabajas por cuenta ajena permitiendo que tu trabajo beneficie a cuatro burgueses que empezaron desde cero en un garaje, sin nada más que su ingenio y unos cuantos millones de dólares de patrimonio de nada, o te mueres del asco porque los medios de producción están totalmente privatizados.
Pero estoy empezando la casa por el tejado. La ciencia, ¿Qué pasa con ella? Pues veréis, durante cinco años me he estado dedicando a la producción científica. Cuatro años no son mucho, es lo que tarda cualquiera (que tenga un director competente y suerte con los tiempos de las revistas) en sacarse un doctorado. Pues bien, ese es mi caso: disfruté de una beca del ministerio de algo más de 1100 €/mes durante 4 años para hacer el doctorado y de un año extra pagado por mi universidad y el grupo…
…de investigación al que pertenecía en el que cobraba lo mismo, con el objetivo de cerrar temas incompletos durante el desarrollo de la tesis y de encontrar otro contrato postdoctoral.
Además de ese dinero, he disfrutado de dos becas de estancias breves: una primera en la que viví 3 meses en Nueva Zelanda en la que recibí 3000 € además de mi sueldo durante esos meses para el transporte y para vivir allí, y una segunda beca en la que estuve 2.5 meses en Francia con un importe similar.
Las becas de estancias breves se conceden para ampliar la formación del doctorando en otros grupos de investigación afines y por eso se fomentan.
Por otro lado, en la rama de la ciencia a la que me dedicaba es necesario salir al campo a recoger datos. Para ello se requieren:
* Coches 4x4 que nos permitan meternos monte a través.
* Instrumentos muy muy caros que realicen medidas de precisión.
* Comer, gasolina, etc… Es decir, dinero para las dietas.
Todo esto lo especifico por dos motivos:
* Yo he tenido la suerte de vivir en una ciudad pequeña con una buena universidad, por lo que con mi sueldo me he podido independizar al comenzar mi doctorado. Pero ya me diréis dónde va uno con 1135 €/mes en Madrid o Barcelona.
* TODOS los gastos de mi investigación han sido pagados con dinero público.
Y es en este segundo punto donde quiero hacer hincapié. Todo: mi sueldo, el de mi director de tesis, el dinero de las dietas de todos los que íbamos al campo a tomar datos, las facturas de estancia en hoteles, la gasolina, los coches, los instrumentos de medida… TODO, ha sido pagado con dinero público, con los impuestos de todos.
Da la sensación de que un científico vive a gastos pagados. Sin embargo, han sido necesarios años para poder llegar a tener el equipo del que yo he dispuesto en mi investigación. Si no estás en un proyecto de investigación no puedes cubrir gastos en campo, por lo que si sales es por amor al arte. Además, hay que hacer malabares con las facturas si quieres cubrir gastos, porque desde la administración te miran con lupa y cada vez que pasas una dieta tienes que demostrar que no eres un ladrón.
Ya me gustaría que cualquier diputado tuviese que pasar la mitad de controles que un científico a la hora de pasar una dieta… Pero bueno, a lo que voy. Con todo ese dinero (público) y después de todo el trabajo de recolección de datos, hay que realizar el procesado de los mismos. Para ello, en la mayor parte de los casos se necesita un software propietario que suele ser carísimo. Esto ya es un problema más añadido que normalmente se solventa con piratería.
Es cierto que existen muchas veces alternativas libres, pero o bien resulta más cómodo utilizar los privativos con crack (hay mucha más documentación debido a que copan la oferta de mercado) o bien sirven para tareas tan específicas que muchas veces, si quieres una alternativa o te la programas tú o te comes los mocos.
El tema es que una vez has recogido los datos, los procesas, obtienes resultados, los ilustras y redactas un artículo para una revista científica. Esta es la forma en la que todo ese dinero público invertido retorna a la sociedad: conocimiento, datos libres para que cualquiera se pueda beneficiar de parte de los impuestos que paga…
Sin embargo la realidad es muy distinta. Cuando vas a publicar te encuentras una realidad muy distinta: La mayor parte de las revistas científicas son propiedad de unas pocas editoriales y Todas son empresas privadas. Aquí la variabilidad es enorme, pero en todos casos el dinero vuelve a ser la clave. En algunas revistas tienes que pagar simplemente por publicar en ellas, en otras es gratis hasta cierto número de palabras y/o figuras y/o tablas.
En otras no tienes que pagar nada. Esto depende simplemente de su índice de impacto, es decir, de cuanta gente las lea. Si quieres publicar en Science o en Nature pasas por el aro, porque sabes que al día siguiente tu gran descubrimiento estará en las noticias y tendrá difusión. Además, ese tipo de revistas son muy muy selectivas y más del 90% de los trabajos que les llegan resultan rechazados de antemano, aceptando sólo los mejores titulares.
Realmente, la ciencia de calidad se publica en revistas con menor impacto, en las que el formato es más largo y se puede explicar mejor los métodos usados y los resultados obtenidos. Otro ejemplo de gastos extra a la hora de publicar en cualquier revista es si quieres incluir una figura a color. En ese caso debes pagar por el exceso de gasto a la hora de imprimir el volumen de la revista. El motivo por el que esto ya no tiene sentido es que nadie paga una suscripción física a una revista.
Todo el mundo lee los artículos que le interesan online, por lo que las figuras a color no representan un gasto real.
Todo esto nos lleva a qué es lo que pasa cuando alguien quiere leer un artículo científico, pues bien: pagar. ¿Cómo? ¿Pagar? ¿Pero no habíamos pagado ya con impuestos todos los gastos de la investigación? Pues sí, pero las editoriales se escudan en los gastos de distribución y de control de calidad, ¿Es esto legítimo? Pues depende:
Empecemos con los gastos que tiene una editorial en control de calidad. Las revistas científicas que se precien tienen un sistema de revisión de los manuscritos que les envían denominado two-peer review. Esto implica que les mandan tu texto a dos científicos de tu rama para que revisen que todo está correcto, que tu investigación es válida y que no estás cometiendo ningún error. En ocasiones se puede llegar a mandar hasta a tres, cuatro e incluso 5 revisores.
Claro, todo esto tendrá un coste, porque a esa gente habrá que pagarle por su trabajo de revisor, ¿no? Pues no. Los revisores son científicos que tienen las editoriales en sus bases de datos por haber publicado antes en sus revistas y que realizan un trabajo de revisión que a veces puede durar semanas de forma totalmente altruista y sin cobrar NADA por ello, por lo que a la editorial no le cuesta nada.
En ese proceso, el editor de la revista hace únicamente de enlace entre el autor del manuscrito y los revisores, los cuales pueden aceptar el artículo sin cambios (nunca pasa), con revisiones menores, con revisiones mayores o rechazarlo.
En el caso de que el artículo se acepte, la editorial le manda el manuscrito a una sucursal que tiene externalizada en la India normalmente donde pagan algo menos de 3000 €/año a las personas que se dedican a poner en formato el manuscrito para su publicación.
De ahí el artículo se publica en sus servidores en una revista online que muy poca gente paga por recibir en su versión impresa. Por tanto, los gastos de distribución son realmente los de mantener unos servidores y de publicidad.
Llegados a este punto alguien podría pensar: Pero yo cuando estaba en la universidad podía leer artículos sin pagar nada, ¿de dónde se saca este tío todo este papelón?
Pues bien, es muy común que las universidades (las públicas también) paguen suscripciones a las editoriales a un gran número de revistas con el fin de que los alumnos puedan tener acceso a un conocimiento que ya ha sido pagada con el dinero de todos. Así que sí, o los alumnos al pagar su matrícula o el estado al becarlos vuelven a pagar por tener acceso a una información que ya es suya. Existe sin embargo una alternativa a este robo que suelen ofrecer las revistas: otro robo.
A la hora de publicar, se le suele ofrecer al autor principal de un artículo que elija la opción “open access”, la cual permite que su artículo sea leído por cualquier persona que se interese en él por un módico precio adicional que debe pagar el autor que suele rondar los 2500 - 3500 $ en las revistas en las que yo he podido publicar. Y agarraos que aquí viene la guinda del pastel:
Cuando un autor o grupo de autores acepta publicar los resultados de su investigación en una de estas revistas, lo único que conserva del mismo es su derecho a ser reconocido como autor del mismo. El derecho de reproducción de los resultados pasa a ser exclusivo de la revista. Esto implica que una vez que publique mis resultados en una revista, si no tengo una suscripción a la misma pagada por mí o por mi centro de investigación, deberé pagar por tener acceso a un artículo escrito por mí.
Además, en caso de no pertenecer a ninguna institución que se gaste millones de euros en suscripciones editoriales al año y teniendo en cuenta que el acceso a cada artículo suele costar en torno a 30 $, ¿cómo se supone que debo pagar la documentación de un artículo normalito que de media contiene unas 80 referencias bibliográficas?
Ante esta sucesión de robos constantes por parte de un oligopolio en el que editoriales como Elsevier o Springer sacan tajada del conocimiento que debería ser público han surgido algunas sociedades científicas que pretenden plantar cara y diseminar la ciencia libremente en lugar de obstaculizar su acceso para obtener beneficios totalmente ilegítimos. Sin embargo, estas nuevas revistas no tienen un índice de impacto alto, por lo que casi nadie publica sus resultados en ellas.