Me muero de alergia
pero
qué bonitos los alcorques y mis macetas y los arriates y toda la realidad puesta en evidencia por este estallido de flores y deseos, de olores que tapan el del óxido de la sangre derramada; qué hermosos los almeces ya vestidos, los colores de los patos, la alegría de la gente que pone su piel al sol.
Muero de alergia, no puedo bajar a sentir cómo burbujea la belleza en la gente que camina, no puedo porque los estornudos me tirarían al suelo, pero que bien saber que la exuberancia de lo vivo nos hace olvidar la doctrina de la obediencia ciudadana. Porque si nos entregamos a esta deriva nada de lo racional constreñido importa, porque en ella la intuición piensa el mundo y lo amplía; solo desde la razón y el orden este ejercicio de vida resulta imposible, solo dejándonos decir, dejándonos caer en la razón poética podemos hoy ser silencio en medio del estallido, plenos pero incompletos, templados pero salvajes.
Gozad de la luz y de lo que despierta, amigues.

