Guión «Un día de lluvia en la estación de tren»

Escena: Estación de tren — Mañana lluviosa

Ambientación:
Un cielo plomizo descarga toda su furia en la ciudad. La estación hierve de gente: paraguas chorreando, abrigos empapados, maletas arrastradas entre charcos. Los altavoces se saturan de anuncios de retrasos, creando un murmullo áspero en el ambiente. Un vidrio inmenso recoge los golpes de la lluvia, amplificando la desesperanza de la multitud.

Personajes en escena:

  • MARTÍN (protagonista, rostro cansado, traje arrugado por la humedad, manos temblorosas de rabia contenida).
  • VOZ DEL JEFE (a través del teléfono, tono impaciente, frío, autoritario).
  • PRESENTADOR DE NOTICIAS (desde una televisión encendida en la sala de espera, voz ceremoniosa).

Diálogo

[MARTÍN, móvil en mano, observa las pantallas electrónicas que titilan con retrasos interminables. Musita con frustración.]

MARTÍN (entre dientes, resignado):
Me cago en la leche… otra vez igual. Joder…

[Suena el móvil con un timbre brusco. Contesta. La VOZ DEL JEFE estalla al otro lado.]

JEFE (voz telefónica, cortante):
González, ¿qué hace usted en la estación todavía? Hace una hora que tendría que estar en la oficina. Siempre con la misma cantaleta de la lluvia… Me tiene harto. Haga lo que sea y preséntese ya. Le recuerdo que hay mucha gente suplicando por su puesto. Se la está jugando.

MARTÍN (conteniendo la rabia, tono bajo, firme pero quebrado):
Pero, Don Julián, estoy atrapado en la estación… No puedo hacer nada. Esto no depende de mí.

JEFE (seco, cargado de amenaza):
Lo que depende de usted es su seriedad. Y así no lo demuestra. Continúe por ese camino y tendremos que hablarlo.

[El silencio se corta como un cuchillo. MARTÍN baja lentamente el móvil, interrumpe la llamada. Permanece quieto, como congelado, mientras a su alrededor la estación sigue rugiendo: quejas, gritos por los teléfonos, un niño sollozando en el regazo de su madre.]

MARTÍN (monólogo interior, voz quebrada):
¡Vaya mierda de vida! ¿Hasta cuándo voy a soportar esto?
Por cuatro miserias que me pagan, tragando humillaciones de ese tirano de Don Julián… ¿Y mi felicidad? ¿Dónde quedó? ¡Qué asco de vida!

[Levanta la vista hacia un televisor en la sala de espera. Una transmisión interrumpe los comerciales: un PRESIDENTE anuncia solemnemente.]

PRESENTADOR DE NOTICIAS (voz en off, desde la pantalla):
“…El Gobierno ha anunciado la nacionalización de los recursos energéticos. ‘Una decisión para devolver lo nuestro a quienes lo han construido con sus manos’, declaró.”

MARTÍN (con un resoplido irónico):
A ver si también se atreven a meter en cintura a dictadores como Don Julián… Pero no caerá esa breva.

[MARTÍN se queda inmóvil. Sus ojos se humedecen. Imágenes de la infancia lo atraviesan: la calle empedrada de su pueblo, las historias del abuelo Crístóbal al calor del fogón, la abuela Catalina pelando castañas, la risa compartida en noches frías. Una vida que se siente ahora lejana, vibrante en contraste con la grisura actual.]

MARTÍN (susurrando, apenas audible):
Qué nostalgia… Cuánto echo de menos a mis abuelos, el pueblo, las castañas asadas, la inocencia de jugar sin miedo al mañana. Nadie me preparó para esta condena… currar por cuatro perras y aguantar jefes dictadores.

[Los altavoces revientan con un nuevo aviso ininteligible que hace vibrar los cristales. MARTÍN guarda el móvil en el bolsillo, toma aire como queriendo tragarse el peso del mundo, y se hunde en un banco metálico. Se queda mirando el agua correr por el ventanal, como si buscara en la tormenta una señal.]

CORTE A NEGRO.

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