Archivera
La vida de María Dolores Gómez-Tejedor fue la de un mujer inteligente, estudiosa, comprometida, valiente, esforzada, tranquila y enormemente generosa. Los que la conocieron saben a qué me refiero cuando le atribuyo estas cualidades que marcaron su trayectoria vital, pero, sobre todo, la relación que mantuvo con sus discípulos, amigos y compañeros. En su tiempo era difícil, casi imposible, ser empoderada, como se dice hoy, independiente y dueña de su destino. Un destino que tenía dispuesto para ella una vida muy complicada, especialmente en unos momentos y a una edad temprana, cuando pareció que su mundo se desvanecía al fallecer trágicamente su marido y quedar al cuidado de sus tres hijos, tan pequeños, a los que siempre protegió, mientras estudiaba, opositaba, trabajaba, enseñaba, investigaba, escribía y participaba en tertulias, conferencias, debates y todo tipo de encuentros donde, con la discreción que la caracterizaba, iba diseñando una personalidad única, la de una mujer e intelectual en un mundo de hombres, que conocía la historia, de Badajoz, por ejemplo, como pocos, que había visto y estudiado más archivos que nadie, que escribía, con una profundidad y conocimientos superlativos para su época, sobre cuestiones y en publicaciones donde solo aparecían hombres.