Un camión ocupando para sus descargas y sus cosas TODO el espacio destinado (y recién pintadito) a estacionamiento de motocicletas. Pasa un coche de la Guàrdia Urbana y se detiene a su lado: no para ver qué pasa, sino porque el semáforo está cerrado. Cuando se abre, el coche patrulla continúa como si tal cosa; el del camión, a su bola. A menos de cincuenta metros, una zona de carga y descarga. Cincuenta metros. Lejos.

«Barcelona és bona», o eso dicen. Y la Guàrdia Urbana, la leche

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