No encontré: Libro Koshmar (pesadilla) de Pinie Wald
La historia del primer ‘pogrom’ en Argentina, el episodio oculto de la Semana Trágica
La reedición de ‘Koshmar’, del escritor de origen polaco Pinie Wald, busca recuperar uno de los hechos históricos que involucraron a la comunidad judía de nuestro país más silenciados de la historia reciente
Tal vez para comprarlo cuando ande por Buenos Aires
Presentación Koshmar de Pinie Wald – Astier Libros
Y Ernesto Tenembaum dice que la Revolución Industrial no fue dura para las/los trabajadoras/trabajadores!
Los hechos de la Semana Trágica se iniciaron el 7 de enero de 1919 en los portones de la empresa Sociedad Hierros y Aceros Limitada de Vasena e Hijos, ubicada en el barrio sur de Buenos Aires, cuando una huelga que llevaba ya un largo mes de duración alcanzó su momento crítico. Ese día, el enfrentamiento entre un piquete de huelguistas y los matones al servicio de la empresa dejó cuatro muertos y cuarenta heridos. Al día siguiente las centrales sindicales decretaron el paro general. El cortejo fúnebre de los primeros caídos, una vez arribado al Cementerio de la Chacarita, fue atacado por una partida policial y hubo más muertos. De allí en más, en Buenos Aires, la vida se volvió muy precaria en tanto las barricadas y los tiroteos detuvieron el funcionamiento urbano por completo. En verdad, lo que sucedió no puede ser entendido de otro modo más que como una desordenada y ubicua insurrección urbana. Pero una vez que la policía quedó desbordada, y también desorientado su accionar, el ejército se hizo cargo de la represión, auxiliado por brigadas homicidas conformadas por jóvenes de clase alta. Al cabo de la semana las bajas eran incontables: entre setecientos y mil trescientos muertos, más de dos mil heridos, y hasta treinta mil detenidos en cuarteles, comisarías y cruceros acorazados, así como en la isla Martín García. A Pedro Vasena, el dueño de la fábrica, se le había reclamado la reducción de la jornada laboral de 11 a 8 horas y la implementación del descanso dominical. Era poco. Su tozuda y pertinaz incapacidad para desandar posiciones, su endiablado afán de codicia y su infinita soberbia había logrado que la ciudad se incendiara.»