#literatura #novela #narrativa #prosa #prosa #novelasdemisterio #novelanegra #literaturaamericana
#PatriciaHigsmith ✒️📖✒️
En 1950, una joven de Texas publicó una novela titulada: «Extraños en un tren». *Alfred Hitchcock*, el maestro del suspenso, compró los derechos de inmediato por una miseria, apenas 7.500 dólares. Pero lo que *Hitchcock* no sabía es que la autora, *Patricia Highsmith*, era mucho más inquietante que cualquier villano de celuloide.
Su método se basaba en la amoralidad como arte y *Highsmith* rompió la regla de oro de la literatura policial: en sus libros, el crimen suele quedar impune. Ella no buscaba la justicia, buscaba la lógica del deseo. Su creación más famosa, *Tom Ripley*, es un asesino encantador, culto y trepador social al que el lector acaba apoyando.
Lo lograba porque *Patricia* escribía desde la "identificación con el criminal". Decía que todos llevamos un asesino dentro, solo que la mayoría somos demasiado cobardes para dejarlo salir. Su método era la tensión psicológica sostenida, donde el miedo no viene de un disparo, sino de una conversación educada durante la cena.
*Patricia* era huraña, alcohólica y profundamente misántropa. Odiaba las reuniones sociales y prefería vivir aislada en Suiza o Francia. Su obsesión más extraña eran los caracoles. Llegó a tener más de 300 en su casa.
Se cuenta que una vez, para asistir a una fiesta en Londres, metió a varios de sus caracoles favoritos en su bolso, junto con una cabeza de lechuga, para que no se sintieran solos. Los observaba durante horas; le fascinaba su hermafroditismo y su lentitud implacable. Esa misma paciencia "de caracol" es la que aplicaba a sus tramas: un avance lento, viscoso y asfixiante hasta que la víctima no tiene escapatoria.
En 1952, publicó «El precio de la sal», luego titulada: «Carol». Fue una revolución: una historia de amor entre dos mujeres con un final que no terminaba en suicidio ni en tragedia, algo inaudito para la época y el libro que tuvo que esconder.
Tuvo que publicarla bajo el seudónimo de *Claire Morgan* para proteger su carrera. Recibió miles de cartas de mujeres agradecidas por haberles dado esperanza. *Highsmith*, que vivió amores tormentosos y obsesivos con mujeres a las que terminaba detestando, solo reconoció la autoría del libro 40 años después.
Sus últimos años los pasó en una casa en Suiza que ella misma diseñó como una fortaleza, cultivando la arquitectura del aislamiento. No tenía ventanas hacia la calle, solo hacia un patio interior. Allí, rodeada de sus gatos y sus herramientas de carpintería, le encantaba fabricar sus propios muebles, *Patricia Highsmith* siguió diseccionando la culpa y el miedo hasta su muerte en 1995.
No dejó herederos humanos; dejó una fortuna a la colonia de artistas de 'Yaddo' y un legado de libros que nos obligan a mirar nuestras propias sombras.
#PatriciaHigsmith ✒️📖✒️
En 1950, una joven de Texas publicó una novela titulada: «Extraños en un tren». *Alfred Hitchcock*, el maestro del suspenso, compró los derechos de inmediato por una miseria, apenas 7.500 dólares. Pero lo que *Hitchcock* no sabía es que la autora, *Patricia Highsmith*, era mucho más inquietante que cualquier villano de celuloide.
Su método se basaba en la amoralidad como arte y *Highsmith* rompió la regla de oro de la literatura policial: en sus libros, el crimen suele quedar impune. Ella no buscaba la justicia, buscaba la lógica del deseo. Su creación más famosa, *Tom Ripley*, es un asesino encantador, culto y trepador social al que el lector acaba apoyando.
Lo lograba porque *Patricia* escribía desde la "identificación con el criminal". Decía que todos llevamos un asesino dentro, solo que la mayoría somos demasiado cobardes para dejarlo salir. Su método era la tensión psicológica sostenida, donde el miedo no viene de un disparo, sino de una conversación educada durante la cena.
*Patricia* era huraña, alcohólica y profundamente misántropa. Odiaba las reuniones sociales y prefería vivir aislada en Suiza o Francia. Su obsesión más extraña eran los caracoles. Llegó a tener más de 300 en su casa.
Se cuenta que una vez, para asistir a una fiesta en Londres, metió a varios de sus caracoles favoritos en su bolso, junto con una cabeza de lechuga, para que no se sintieran solos. Los observaba durante horas; le fascinaba su hermafroditismo y su lentitud implacable. Esa misma paciencia "de caracol" es la que aplicaba a sus tramas: un avance lento, viscoso y asfixiante hasta que la víctima no tiene escapatoria.
En 1952, publicó «El precio de la sal», luego titulada: «Carol». Fue una revolución: una historia de amor entre dos mujeres con un final que no terminaba en suicidio ni en tragedia, algo inaudito para la época y el libro que tuvo que esconder.
Tuvo que publicarla bajo el seudónimo de *Claire Morgan* para proteger su carrera. Recibió miles de cartas de mujeres agradecidas por haberles dado esperanza. *Highsmith*, que vivió amores tormentosos y obsesivos con mujeres a las que terminaba detestando, solo reconoció la autoría del libro 40 años después.
Sus últimos años los pasó en una casa en Suiza que ella misma diseñó como una fortaleza, cultivando la arquitectura del aislamiento. No tenía ventanas hacia la calle, solo hacia un patio interior. Allí, rodeada de sus gatos y sus herramientas de carpintería, le encantaba fabricar sus propios muebles, *Patricia Highsmith* siguió diseccionando la culpa y el miedo hasta su muerte en 1995.
No dejó herederos humanos; dejó una fortuna a la colonia de artistas de 'Yaddo' y un legado de libros que nos obligan a mirar nuestras propias sombras.








