𝑱𝒂𝒎𝒆𝒔 𝑩𝒂𝒓𝒓𝒚: 𝒆𝒍 𝒎𝒆́𝒅𝒊𝒄𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒐𝒄𝒖𝒍𝒕𝒐́ 𝒔𝒖 𝒊𝒅𝒆𝒏𝒕𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒅𝒖𝒓𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒎𝒆𝒅𝒊𝒐 𝒔𝒊𝒈𝒍𝒐
La vida del James Barry es una de las historias más sorprendentes de la medicina del siglo XIX.
Durante más de cincuenta años ejerció como médico militar respetado dentro del Imperio británico.
Solo después de su muerte se descubrió que había nacido como Margaret Ann Bulkley.
En una época en la que a las mujeres se les prohibía estudiar medicina, aquella decisión fue la única forma de poder dedicarse a la profesión que deseaba.
Margaret Ann Bulkley nació alrededor de 1789 en Cork, Irlanda.
Su familia atravesó problemas económicos bastante serios y eso cambió su destino.
Margaret y su madre se trasladaron a Londres buscando ayuda de un pariente influyente: el pintor James Barry.
Cuando el pintor murió en 1806, surgió una idea radical.
Con el apoyo de algunos amigos de la familia —personas con contactos en el mundo académico— Margaret adoptó el nombre de su tío y comenzó una nueva vida como James Barry.
El objetivo era claro: poder estudiar medicina, algo que entonces estaba totalmente vetado para las mujeres.
Bajo esa identidad masculina ingresó en la University of Edinburgh en 1809.
Tres años después, en 1812, obtuvo el título de doctor en medicina.
Técnicamente fue la primera mujer británica en lograrlo… aunque el mundo entero pensaba que era un hombre.
Mantener la identidad durante décadas no fue fácil.
Barry cuidaba cada detalle de su apariencia: llevaba abrigos con hombreras para ensanchar la figura, usaba tacones para parecer más alto y justificaba su voz aguda diciendo que era consecuencia de una enfermedad infantil.
Además tenía fama de tener un carácter explosivo.
Era irritable, orgulloso y muy poco dado a dejar pasar una ofensa.
De hecho, en una ocasión llegó a batirse en duelo con pistolas para defender su honor, algo que encajaba perfectamente con el temperamento que la sociedad esperaba de un hombre de su rango.
Nunca se casó.
Sin embargo, durante su estancia en Sudáfrica mantuvo una relación muy cercana con Charles Somerset, gobernador de Ciudad del Cabo.
Aquella amistad levantó rumores en la sociedad colonial de la época, donde algunos insinuaban que existía una relación homosexual entre ambos.
Otro detalle curioso apareció mucho después.
Cuando prepararon el cuerpo tras su muerte, la mujer encargada de hacerlo afirmó que Barry no solo era biológicamente mujer, sino que presentaba estrías en el abdomen.
Aquello sugería que había tenido un embarazo en su juventud, antes de adoptar la identidad masculina.
Mientras tanto, su carrera médica fue brillante.
Se unió al ejército británico como cirujano militar y trabajó en distintos lugares del imperio: Sudáfrica, Jamaica, Malta y Canadá.
Con el tiempo llegó a alcanzar el rango de Inspector General de Hospitales, un puesto equivalente al de general dentro del sistema médico militar.
Uno de sus logros más recordados ocurrió en 1826.
Barry realizó una cesárea en la que sobrevivieron tanto la madre como el bebé, algo extraordinario en aquella época.
Se considera la primera cesárea exitosa de ese tipo dentro del Imperio británico.
Pero no solo destacaba en el quirófano.
También era un reformista bastante adelantado a su tiempo.
Defendía la higiene hospitalaria, la buena alimentación de los soldados y un trato más humano hacia prisioneros, enfermos y personas esclavizadas.
Muchas de sus ideas chocaban con las prácticas habituales del ejército.
Murió en Londres en 1865 a causa de disentería.
Antes de fallecer había dejado instrucciones claras: quería ser enterrado inmediatamente y sin que se cambiara la ropa que llevaba puesta.
No se respetó del todo.
La mujer que preparó el cuerpo descubrió el secreto y lo contó.
Aquello provocó un auténtico escándalo.
El ejército británico se encontró con una situación incómoda: durante décadas una persona nacida mujer había servido como oficial médico y había alcanzado uno de los rangos más altos.
La reacción fue intentar silenciar la historia.
Los archivos oficiales relacionados con Barry quedaron bajo embargo durante cien años.
Aun así, el secreto terminó saliendo a la luz y hoy su vida se estudia como uno de los casos más fascinantes de desafío a las normas sociales de su tiempo.
Curiosamente, en el Kensal Green Cemetery su tumba sigue llevando el nombre con el que vivió la mayor parte de su vida: Dr. James Barry.
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