https://carabanchel.net/el-anteproyecto-de-ley-de-apoyo-a-la-empresa-familiar-en-madrid-es-una-legislacion-a-ciegas-para-favorecer-a-las-rentas-mas-altas/
#Carabanchel #Madrid #CCOO #impuestodesucesiones #legislacion #rentasmásaltas
La normativa, presentada el pasado martes, establece una bonificación adicional al impuesto de sucesiones y donaciones del Grupo III de ParentescoLa central sindical CCOO de Madrid ha denunciado que el nuevo Anteproyecto de Ley presentado por el Eje
El Partido Popular no obtuvo el Gobierno tras las elecciones del 23J pese a que la mayoría de encuestas así lo apuntaban. Sin embargo, sí alcanzó un pequeño pero simbólico premio: la mayoría absoluta en el Senado. La formación que lidera Alberto Núñez Feijóo sabe que con este poder institucional puede trabar la acción del Gobierno o, incluso, imponer determinados debates. En este sentido, la política fiscal apunta a ser durante la legislatura uno de los campos en los que el PP pretende usar el Senado para obligar al Ejecutivo a afrontar el debate de determinadas propuestas. Así lo muestran los primeros meses de esta legislatura. Aunque el Gobierno echó a andar hace apenas dos semanas, la Cámara Alta ya ha abordado distintos debates legislativos que afectan a potestades del Ejecutivo, como es la política fiscal y presupuestaria. En este sentido, el Senado aprobó hace unas semanas la primera proposición de ley para rebajar el IVA de las peluquerías del 21% al 10%. Además, tiene pendiente de votación en el Pleno una segunda iniciativa del mismo tipo que plantea la supresión del Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Son dos propuestas recurrentes del PP, que ahora reciben el respaldo de su mayoría absoluta en una de las dos cámaras, además del voto favorable de los socios del Gobierno de coalición en el caso del IVA de las peluquerías. La derecha puso durante la pasada legislatura parte de su discusión con el Gobierno en el plano fiscal. Entre otras cosas, han abogado por rebajas de impuestos generalizadas, en muchos casos con medidas que benefician más a quien más gana, y han llegado a acusar al Ejecutivo de "forrarse" con el aumento de la recaudación. Aunque durante los últimos cuatro años han planteado estas propuestas en el Congreso, ahora cuentan con el respaldo de una de las dos cámaras. El poder del Senado es limitado. Aunque lo habitual es que las tramitaciones parlamentarias se inicien en el Congreso, también pueden hacerlo en la Cámara Alta, pero lo que esta aprueba no entra en vigor directamente, sino que tiene que pasar una votación definitiva en la Cámara Baja, donde el PP ya no tiene la mayoría. Ni el Gobierno. Está por ver cómo negocia el PSOE con sus socios para evitar que los de Feijóo le impongan alguna de estas leyes. Más allá de cómo termine la tramitación, el PP confirma que tiene una herramienta para, cuando menos, hacer más trabada la vida del Gobierno de coalición. Además de hacer propuestas y forzar debates y votaciones, puede aplicar retrasos en la tramitación de leyes que se impulsen en el Congreso o desde el Ejecutivo (como ya está haciendo con la amnistía), usar ciertos vetos o abrir comisiones de investigación, entre otras. Próximamente se van a comenzar a tramitar los Presupuestos Generales y el Gobierno necesita que el Senado apruebe la senda de estabilidad, lo que incluye los objetivos de déficit y de deuda. El PP ya ha advertido de que usará su mayoría para forzar a una negociación que les permitirá incidir en la política económica de Pedro Sánchez. Los de Feijóo apuntan a un recorte del gasto del Estado con la excusa del final de la política de estímulos de la Unión Europea. A la tercera La primera de las propuestas aprobada por el Senado supone rebajar el IVA que se paga en las peluquerías, del 21% al 10%. Esta es una reclamación histórica del sector contra una subida aprobada, en su día, por el Gobierno del PP presidido por Mariano Rajoy, que lo pasó del 8% al 21%. Ahora el partido la ha tomado como propuesta propia. Y no es la primera vez que lo lleva al pleno del Senado. De hecho la medida tiene un cierto componente simbólico ya que en la pasada legislatura provocó una fuerte polémica. La Cámara Alta aprobó una enmienda a los presupuestos de 2022, apoyada por casi todos los partidos salvo el PSOE, que planteaba esta rebaja. Sin embargo, fue retirada por la entonces presidenta de la Cámara Alta, la socialista Pilar Llop, al defender que afectaba a la política presupuestaria, que es una prerrogativa del Gobierno, y después de que este hubiera pedido su anulación formalmente a través de lo que se conoce como una "disconformidad". Llop ya retiró una enmienda similar en 2021 antes de que se llegara a votar, decisión que ahora ha anulado el Constitucional. La propuesta ha vuelto a salir adelante, en esta ocasión con 88 votos en contra, los del PSOE y como proposición de ley. Esta vez, el Gobierno también ha mostrado su "disconformidad". En un documento que presentó tras el registro de la proposición de ley, el Ejecutivo, entonces todavía en funciones, cargaba contra la propuesta y defendía que suponía afectar a su ámbito competencial al tratarse de una propuesta que afectaba a la política presupuestaria. A diferencia de lo ocurrido en las dos ocasiones anteriores, la medida llegó para la votación en el pleno. El PP trató de evitar este embrollo competencial con una propuesta que se aplicaría el año que viene y, por tanto, no afectaría a los presupuestos que están en vigor. Además, defendía en la justificación de la proposición de ley en que sirva "por un lado, a hacer económicamente viable su negocio, y por otro, para eliminar bolsas de fraude". Cifraba el impacto económico de la medida en un incremento de recaudación de 140 millones, aludiendo a un supuesto aumento de consumo de estos servicios con la rebaja y la eliminación de economía sumergida. Por contra, el Ejecutivo aseguraba, en el documento en el que se posicionó en contra, que esta medida acarrearía la pérdida de 372 millones en ingresos. La iniciativa ha entrado esta semana en el Congreso y será abordada por la Comisión de Hacienda. Guerra de tributos Mucho más peso político que la rebaja del IVA a las peluquerías tiene la otra medida fiscal que ha planteado el PP en el Senado y que está pendiente de votarse: eliminar el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Esta es una de las grandes batallas fiscales del PP allí donde gobierna y así se está confirmando tras las elecciones autonómicas del pasado 28 de mayo. Los territorios son libres para aplicar las reducciones que consideren para este impuesto, pero su normativa es estatal y su eliminación, por tanto, depende del Gobierno central. El PP justifica en su proposición que el Estado "no puede ser insensible ante la problemática que supone para la mayoría de las familias, tener que plantearse si aceptan o no una herencia porque no tienen dinero para el pago del tributo". Este argumento ha sido repetido por la derecha española los últimos años, pero no encaja con la experiencia y con las estadísticas. Son otras causas como la existencia de deudas y no el impuesto la que fuerza la renuncia de herencias. La propuesta del PP incluye también la eliminación en el IRPF o en el impuesto de plusvalía el cobro cuando sea por rentas producidas por una herencia. Este impuesto aporta 3.200 millones a las comunidades autónomas pese a que ya se encuentra muy limitado. Por ello, el PP, a la vez que plantea en su proposición la eliminación del tributo, pide que se articule un mecanismo de compensación por la pérdida de estos ingresos a las arcas autonómicas. El partido también ha abogado públicamente por la eliminación del Impuesto de Patrimonio. Ambos serán, sin duda, abordados cuando se inicie una revisión del modelo actual de financiación autonómica. En frente, PSOE y Sumar, abogan por mantenerlos. En la pasada legislatura ya se aprobó un impuesto estatal a las grandes fortunas precisamente para sortear las bonificaciones aplicadas por las Autonomías gobernadas por el PP a los más ricos. El Tribunal Constitucional lo ha avalado. Tanto la rebaja del IVA de las peluquerías como la eliminación del impuesto de Sucesiones están desaconsejadas por la OCDE. El organismo que engloba a las economías desarrolladas del mundo ha mostrado su inclinación por mantener el impuesto que grava las herencias por considerarlo un mecanismo frente a la desigualdad, ya que pagan más quienes más heredan. Por otro lado, en unas recientes recomendaciones a España, el organismo ha solicitado una subida del IVA mediante la eliminación de tipos reducidos, una idea similar a la ya planteada por el comité de expertos de la reforma fiscal o por el Banco de España. Turno de los Presupuestos Además de estas dos proposiciones de ley sobre la mesa y las que puedan llegar en el futuro, de manera inminente el PP tiene el poder con su mayoría absoluta de complicar las cosas al Gobierno en la elaboración de los Presupuestos Generales, cuya elaboración ya ha comenzado la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. La ley de estabilidad aprobada en 2012 por el PP marca que, en uno de los primeros pasos del proceso, el Ejecutivo presenta a las dos cámaras su senda presupuestaria, esto incluye los objetivos de déficit y de deuda —en línea también con lo que marquen en cada momento las normas europeas— o el techo de gasto, aunque este último punto no se vota, solo se informa de él. Si una de las dos cámaras, en este caso el Senado, lo rechaza, el Gobierno tendrá que presentar una nueva propuesta en el plazo de un mes. Al afectar esta senda de estabilidad no solo a los Presupuestos del Estado, sino a las comunidades autónomas para la elaboración de sus propias cuentas, el PP no puede simplemente bloquearlo y tendrá que valorar el interés de sus propios gobiernos regionales. Lo que es seguro es que la derecha forzará una negociación e intentará anotarse una victoria política. La última vez que esto ocurrió fue en 2018, tras la moción de censura, cuando el PP rechazó precisamente en la Cámara Alta el techo de gasto del Gobierno de Pedro Sánchez para el año de 2019. Aquella vez, el Ejecutivo decidió valerse de la anterior referencia de déficit y deuda para presentar el proyecto presupuestario. No sirvió de mucho porque el Congreso tumbó aquel proyecto y se convocaron las elecciones de abril de 2019. El PP tiene ahora una nueva oportunidad de agitar la fragilidad parlamentaria de la coalición de PSOE y Sumar.
Los muertos están de enhorabuena. Entre todas las preocupaciones que les acosan en el ataúd, hay una de la que pueden olvidarse. Carlos Mazón lo ha comunicado orgulloso esta semana. Ya no tendrán que pagar impuestos en la región que preside: "Fin al impuesto a la muerte. Se ha acabado para siempre el impuesto de sucesiones y el impuesto a la muerte en la Comunitat Valenciana". Al igual que antes hicieron Madrid y otras comunidades gobernadas por el PP y hará muy pronto Aragón, Mazón elimina en la práctica ese impuesto con una bonificación del 99%, con lo que los herederos obtendrán unos ingresos libres de cargas fiscales a diferencia de los perceptores de las rentas de trabajo o capital. El concepto de "impuesto a la muerte" es bastante extraño. No se grava fiscalmente la muerte de nadie, sino la transmisión de unos activos a los descendientes, que obviamente no han fallecido. Pero no se trata de una extravagancia lingüística, sino de una treta política que algunos dirigentes del PP han copiado del Partido Republicano de Estados Unidos. Allí los conservadores llegaron a la conclusión de que necesitaban un término nuevo para ocultar que se trata básicamente de un impuesto que sólo pagan los más ricos. En la autonomía valenciana, la reforma favorece a unos 24.000 contribuyentes de rentas altas que suponen el 1% del total. La previsión de recaudación para 2023 por este impuesto era de 392 millones de euros. Mazón afirmó que así se acaba con "la doble imposición". Ningún contribuyente paga dos veces ese impuesto, ni el fallecido ni el heredero. Son las personas físicas o jurídicas las que pagan impuestos, no los activos. Republicanos y demócratas son muy conscientes de que la forma de nombrar una ley o un impuesto tiene una poderosa influencia en la opinión de los votantes. Si se refieren a una iniciativa promovida por el otro partido, un término que cause rechazo no tiene precio. Con las medidas propias, la clave es encontrar un buen eufemismo o prescindir de una palabra polémica. Los republicanos descubrieron hace décadas que ser más creativos con el nombre del impuesto de sucesiones que pretendían eliminar les concedería más apoyo en la opinión pública. El término en inglés (state tax) resultaba bastante neutro. Comenzaron a llamarle "death tax" (impuesto a la muerte). Su primer uso conocido procedía del presidente de una asociación de empresarios en 1996. Los conservadores no tardaron mucho en adoptarlo a través de los congresistas republicanos dirigidos por Newt Gingrich, que se habían hecho con el control de ambas cámaras legislativas en las elecciones de 1994. Uno de sus objetivos era una reducción fiscal generalizada. El consultor republicano Frank Luntz, con una experiencia de varias décadas en el asesoramiento de campañas electorales, hizo el trabajo de campo necesario en 2006 para convencer a sus correligionarios. Les contó que en los 'focus groups' que dirigió el 68% de la gente se oponía al impuesto de sucesiones si se le denominaba como "state tax". El porcentaje saltaba al 78% si se les preguntaba por el "death tax". La sociedad norteamericana, que no cuenta con un sistema público que garantice la sanidad universal y gratuita, es muy escéptica con los impuestos. Un 60% afirma que sus impuestos federales son muy altos, la cifra más alta de los últimos veinte años, según la última encuesta de Gallup. En España, los números son diferentes. Un 37,7% de los españoles dice que paga muchos impuestos, según la encuesta del CIS conocida esta semana. La invención del 'impuesto a la muerte' es uno de los ejemplos de una lista elaborada por Luntz con "las catorce palabras que nunca debes usar". Es mejor decir 'Washington' que 'Gobierno', porque la gente suele tener una buena opinión de su Gobierno local y de los servicios que presta. La palabra 'privatización' está desaconsejada para hablar de pensiones. Sólo un tercio de los votantes está a favor, porque, según explica Luntz, 'privatización' lleva a relacionarlo con el ánimo de lucro para bancos y otras entidades financieras y por tanto a que haya ganadores y perdedores. Si se habla de 'personalización', el rechazo se convierte en apoyo para dos terceras partes del electorado. Tampoco recomienda hablar de "reforma fiscal" –muchos contribuyentes temían que acabarían pagando más– y prefiere emplear 'simplificación fiscal". Los estudios habían llegado a la conclusión de que simplificar despertaba menos reticencias. Con el impuesto de sucesiones, la prioridad para los republicanos consistía en definirlo como algo esencialmente injusto con la intención de que los ciudadanos no se fijaran en los beneficiarios de su eliminación. Son una minoría muy privilegiada. Hasta la presidencia de Trump, existía un mínimo exento para los primeros 5,49 millones de dólares. Donald Trump prometió eliminarlo en la campaña electoral que le llevó al poder. Finalmente, el Congreso aprobó en 2017 su propuesta de doblar el mínimo exento, que pasó a estar en 11,7 millones, con ventajas similares para las donaciones en vida. La cantidad crece cada año y ahora se encuentra en 12,9 millones (23 millones si se trata de una pareja). A pesar de que sólo beneficia al 0,2% de la población, los republicanos continúan insistiendo en su eliminación total y en abril presentaron un proyecto de ley en ese sentido. El impuesto de sucesiones es una de las herramientas disponibles para actuar contra la desigualdad económica, en concreto para impedir que se perpetúe durante generaciones. La OCDE ha recordado que los impuestos a las herencias "pueden reducir la concentración de la riqueza y mejorar la igualdad de oportunidades". Franklin Roosevelt dijo en 1935 que "el poder económico heredado es tan incoherente con los ideales de esta generación como lo fue el poder político heredado para los ideales de la generación que estableció nuestro Gobierno", refiriéndose a la lucha por la independencia contra la monarquía británica. Casi noventa años después, la derecha prefiere mencionar la muerte con el fin de defender que las herencias de los ricos sean la única transacción económica que no debe ser gravada con impuestos.
La derecha ha fijado en su agenda política de los últimos años la batalla fiscal. Y no cualquiera. Principalmente, contra los impuestos que gravan la riqueza. Los acuerdos cerrados durante los últimos dos meses entre PP y Vox confirman esta deriva y ponen trabas al futuro del impuesto sobre sucesiones en España. Las alianzas selladas en Extremadura, Aragón, Balears y la Comunitat Valenciana incluyen la eliminación de este tributo como centro de su política fiscal para la próxima legislatura o, al menos, limitar al máximo quiénes lo pagan. En Murcia, donde el PP hizo este viernes una oferta a Vox para gobernar juntos, el tributo ya está bonificado al 99% desde 2022. Esta batalla política contra el impuesto que grava las herencias contrasta con la defensa que hacen organismos internacionales como la OCDE. El impuesto de sucesiones da a las comunidades más de 3.200 millones de euros anuales. Es un tributo estatal, pero que está cedido a las autonomías, quienes tienen capacidad de regularlo. Durante años, la derecha ha hecho batalla en las regiones que gobernaba en favor de su rebaja, como en Madrid, Andalucía o Castilla y León. Ahora se unen más nombres a esta lista tras un 28M que tiñó de azul el mapa, gracias en buena parte al apoyo de la extrema derecha. PP y Vox han sellado acuerdos ya sea de gobernabilidad o de coalición en Extremadura, Comunitat Valenciana, Aragón y Balears. En todos estos documentos, los firmantes han incluido la eliminación prácticamente total del impuesto para las herencias entre padres e hijos o entre cónyuges. Además, lo rebajan para los parentescos más lejanos. En realidad, sucesiones es un impuesto que ya está plagado de beneficios fiscales. Herramientas tributarias por las que se rebaja la factura final al contribuyente por diversos motivos. De hecho, en una mayoría de territorios se 'perdona' más dinero mediante estos beneficios del que se recauda efectivamente. Salvo en dos: Extremadura y Balears. Es decir, es un impuesto muy limitado. Ahora, los nuevos gobiernos de la derecha en estas comunidades amplían la batalla, con el objetivo de reducir al máximo su recaudación. Es un impuesto que ha estado en el programa político de PP, Vox y Ciudadanos durante los últimos años, que han llegado a tildarlo de "confiscatorio". Además, se ha divulgado el bulo de que este impuesto provoca que la gente tenga que renunciar a sus herencias. Los expertos y los datos certifican que no es cierto. Ahora, PP y Vox lo posicionan entre las prioridades de sus distintos Gobiernos. En Extremadura y Balears, de hecho, lo situaban como una medida para cumplir "en los primeros 100 días" del Ejecutivo. Sin ir más lejos, en la comunidad que ahora preside Marga Prohens ya se ha aprobado la puesta en marcha de esta rebaja fiscal, que mermará 60 millones la recaudación y beneficiará a las rentas más altas. En las cuatro comunidades PP y Vox han pactado "eliminar" el impuesto de sucesiones mediante la bonificación del 100% a la mayoría de los contribuyentes. La política de los partidos de la derecha española contrasta con el posicionamiento de organismos internacionales como la OCDE, que han defendido su uso. En un informe en 2021, la organización se posicionó a favor del impuesto de sucesiones, al considerarlo una herramienta para "abordar la desigualdad". "Los impuestos a la herencia, en particular aquellos que tienen como objetivo niveles relativamente altos de transferencias de riqueza, pueden reducir la concentración de la riqueza y mejorar la igualdad de oportunidades", aseguraba. El informe daba algunos datos estadísticos para refrendar su propuesta de gravar más las herencias. Por ejemplo, en España, una persona que está entre el 20% más rico del país tiene un 54% de posibilidades de recibir una herencia. Si está entre el 20% más pobre, la probabilidad cae hasta el 13%. Además, la herencia media de los que están en ese primer grupo, más privilegiado, es hasta 60 veces más alta que la de alguien que está en el segundo grupo. El Govern balear, sin embargo, ha defendido que su rebaja de impuestos "beneficia a todos". El acuerdo con Vox, que no forma parte del Gobierno pero sí es pieza clave en la gobernabilidad, ya incluía el objetivo de "convertir a las Islas Baleares en la comunidad con la carga más baja de España en este impuesto". En el fetiche de la derecha contra los impuestos que gravan la riqueza, el tributo de sucesiones siempre va acompañado del de Patrimonio. Esta figura grava las propiedades de las grandes fortunas, aquellas que, descontando deudas y su primera vivienda, tienen más de 700.000 euros, aunque en algunos territorios el mínimo es más bajo. Los acuerdos firmados entre PP y Vox durante las últimas semanas también ponen en entredicho su futuro. Sin embargo, en este caso es más complicado. Al igual que con sucesiones, las comunidades tienen capacidad para implementar las bonificaciones que consideren. Madrid históricamente no lo ha cobrado y Andalucía se ha unido recientemente. Sin embargo, ante esta carrera a la baja, el Gobierno aprobó el año pasado y con vigencia para este ejercicio y el próximo el impuesto a las grandes fortunas. Se trata de un tributo estatal que, en la práctica, se pagará en las comunidades que no cobran patrimonio. De ese modo, quienes tienen más de tres millones van a pagar sí o sí el impuesto y no lo recaudará la comunidad, sino el Gobierno central. Por ello, aunque en los cuatro acuerdos sellados entre PP y Vox para el Gobierno de comunidades autónomas incluyen su eliminación, algunos guardan matices. Por ejemplo, en Balears acordaron su reducción "progresiva", aunque "supeditado a la derogación del Impuesto estatal de solidaridad de las grandes fortunas aprobado por el Estado". O en Aragón abogan por reducirlo "en tanto no se produzca la derogación del impuesto". Aquí, por tanto, los matices son más importantes que en la batalla contra sucesiones. A la estela de Madrid Balears, Extremadura, Aragón y la Comunitat Valenciana se unen así a la batalla fiscal que ha encabezado durante los últimos años la Comunidad de Madrid, especialmente con Isabel Díaz Ayuso al frente. Hubo presidentes autonómicos que llegaron a hablar de "dumping fiscal" por parte de Madrid. Aquel presidente, Ximo Puig, ya no está, y su sucesor, Carlos Mazón, apuesta por seguir la estela de otras comunidades gobernadas por el PP. Hay que tener en cuenta también a La Rioja o Cantabria, que no tienen pactos con Vox pero donde el PP también prometió en campaña rebajar este impuesto. Esta batalla entre comunidades por ver quién tiene los impuestos más bajos coincide con la reapertura del debate de la financiación autonómica. Algunos de estos territorios reclaman un mejor reparto de los ingresos del Estado al tiempo que recortan en los impuestos que tienen cedidos. Mientras, la izquierda ha abogado en los últimos años por la armonización, buscando la implantación de mínimos estatales que evitaran que estos impuestos quedaran vaciados. Así lo ha vuelto a defender esta semana el consejero de Hacienda de Asturias, uno de los últimos gobiernos autonómicos en manos del PSOE. Guillermo Peláez abogó por "abrir el melón" de la armonización fiscal. El año pasado un comité de expertos presentó a Hacienda su propuesta de reforma fiscal, que ha quedado guardada tras la guerra de Ucrania, aunque los dos partidos el Gobierno de coalición —ahora en funciones— abogan por recuperarla. En aquel documento, se abordaban los problemas de los impuestos de sucesiones y patrimonio. "La descentralización completa de la fiscalidad patrimonial personal puede provocar su reducción a la mínima expresión y, en el caso más extremo, su total desaparición, como con secuencia de la competencia fiscal entre territorios", apuntó el comité, señalando la posible implementación de un mínimo en todo el país. Esta armonización que proponían los expertos y que defienden los partidos de izquierda es uno de los puntos que deberían abordarse en una reforma de la financiación autonómica. Un frente añadido y complejo para este objetivo junto a qué hacer con la deuda de las comunidades o cómo repartir los ingresos de la recaudación del Estado.
No son la mayor fuente de ingresos de las comunidades, pero sí la que más atención y debate suscitan. Sucesiones, Patrimonio, Transmisiones Patrimoniales y Juego son los cuatro tributos que componen la cesta de impuestos cedidos de las comunidades. Sobre ellos, tienen el control absoluto y pueden aplicar las rebajas o bonificaciones que consideren. Algunos gobiernos han acudido especialmente a estas potestades del Estado autonómico y han iniciado con ello una guerra de rebajas que genera grandes diferencias entre territorios. Esta cesta de impuestos generó para las comunidades más de 15.720 millones de euros en 2021, último año con datos definitivos de recaudación recogidos por el Ministerio de Hacienda. Se trata de un pastel importante para las comunidades que, pese a la carrera a la baja de los últimos años, no ha dejado de aumentar sus ingresos para las arcas autonómicas. Ahora, 12 de las 17 comunidades reeligen a sus parlamentos autonómicos tras una legislatura donde los distintos modelos fiscales territoriales se han enfrentado, especialmente durante la crisis de la inflación. Estos impuestos, de ámbito estatal pero con la gestión cedida a las comunidades, tuvieron un claro protagonismo en la confrontación de estos modelos. La clave de la gestión de estos impuestos no se encuentra en cuánto recaudan sino en cuánto se deja de recaudar. Para muestra, los presupuestos de 2023 que han aprobado todas las comunidades, salvo Madrid. Estas cuentas estiman una recaudación por estas figuras de casi 17.500 millones de euros. Sin embargo, los beneficios fiscales (reducciones, bonificaciones, etc.) suman 11.300 millones de euros. Es decir: por cada euro que se recauda se dejan sin ingresar 65 céntimos. Madrid, la gran abanderada de las rebajas fiscales tras más de 20 años, ha sido acusada por otros territorios de ‘dumping’ fiscal. Los datos muestran la importancia que tienen los beneficios fiscales en la región. Acumula más de cuatro de cada 10 euros que las comunidades perdonan por estos cuatro impuestos y deja de ingresar más del doble de lo que recaudan. Su memoria de beneficios fiscales, que deben presentar todas las administraciones junto a sus presupuestos, no contemplan el impuesto sobre Patrimonio, que perdona a los más ricos. Sirve de referencia los 992 millones que, según la Agencia Tributaria, dejó de recaudar Madrid en 2020. En el lado opuesto se encuentra Catalunya. El impuesto sobre Patrimonio ha sido el claro protagonista del debate fiscal entre el Estado y las autonomías el pasado año. Madrid encabezó hace años esta batalla al bonificar el 100% de este tributo que pagan quienes tienen más de 700.000 euros, la clara minoría del total de los contribuyentes. Andalucía se le sumó con una bonificación idéntica, que empieza a aplicar este año, y Galicia amplió la suya hasta el 50%. La Agencia Tributaria se encarga de las declaraciones de este impuesto y al comienzo de la campaña, que coincide con la de la renta, estimó que este año se perderán 7.000 contribuyentes por las nuevas rebajas en Andalucía y Galicia. El Gobierno respondió con la creación de un nuevo impuesto que contrarreste estas bonificaciones. El tributo temporal sobre las grandes fortunas gravará el patrimonio de aquellos que tengan más de 3 millones de euros. Así, una parte de los beneficios fiscales que aplican Andalucía, Madrid o Galicia, revertirán en las arcas del Estado gracias a este impuesto. Allí donde no existen bonificaciones, la mayoría de las comunidades, no se realizará un cobro por este nuevo tributo. La deriva de recortes en este impuesto que plantea la derecha en España contradice las inercias que tras la pandemia se están produciendo en otros países de nuestro entorno. La OCDE publicó a finales del año pasado un informe en el que ponía el foco en los impuestos sobre las propiedades de los más ricos. "Las últimas reformas del impuesto sobre la propiedad generalmente han aumentado las cargas fiscales sobre los contribuyentes más ricos y los inversionistas inmobiliarios, con el objetivo de promover la equidad en los sistemas de impuestos sobre la propiedad", señalaba el organismo que engloba a las economías desarrolladas. Sin embargo, es otro impuesto el que se lleva el grueso de la pérdida de recaudación por los tributos cedidos. El de Sucesiones y Donaciones, que se paga por las herencias principalmente, ha protagonizado la carrera a la baja de los últimos años. Tal es así que si es un hijo quien hereda, ya está ampliamente bonificado en toda España. Este impuesto deja de ingresar más de lo que recauda, a tenor de los presupuestos de 2023 de las comunidades. En concreto, por cada euro recaudado, se dejan de ingresar tres. Este impuesto ha sido muy denostado en España durante los últimos años, pese a que los organismos internacionales lo han mostrado en repetidas ocasiones como un tributo que ayuda a la redistribución de la riqueza. Sin embargo, desde la derecha española se ha cargado contra este tributo al tildarlo de "confiscatorio" o plantear que mucha gente en España tiene que renunciar a herencias por tener que pagar este tributo. Este mantra, sin embargo, se ve contrastado por las estadísticas y expertos, que aseguran que las renuncias se deben más a las deudas que conllevan que a los impuestos. Sucesiones y Patrimonio han centrado el debate, pero no son las principales figuras de este apartado de impuestos cedidos a las comunidades. Son los impuestos sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados las figuras más relevantes sobre las que tienen el poder casi absoluto las comunidades. Se espera que las comunidades recauden por este impuesto 12.350 millones de los 17.000 millones previstos por las figuras cedidas a los territorios. Sin embargo, los beneficios fiscales vigentes en las comunidades para estos gravámenes son mucho más bajos. Unos tienen la fama y estos impuestos cardan la recaudación. La carrera a la baja de los impuestos cedidos no tiene visos de terminar. El PP promete en su programa electoral que avanzará en "la reducción del impuesto de sucesiones y donaciones entre familiares directos, así como en la del impuesto de patrimonio". A lo que responde el PSOE en su propio documento marco que "existen razones más que suficientes para defender los impuestos sobre el patrimonio y sobre sucesiones y donaciones". Estos dos partidos están llamados a repartirse la práctica totalidad de las comunidades que acuden a las urnas este 28M. Esta batalla trajo sobre la mesa durante el último año la palabra armonización. Es decir, que el Estado central fije un mínimo común para todas las comunidades que evite estas fuertes diferencias entre territorios. El Gobierno recibió incluso el respaldo para ello del comité de expertos que diseñó la reforma fiscal que ha quedado finalmente en el cajón. Con ese espíritu nació la idea del impuesto para las grandes fortunas, una figura que tendrá en julio su primera campaña de recaudación y que se va a aplicar en la práctica solo en las comunidades que bonifican el impuesto sobre Patrimonio. La guerra competencial se dirimirá en el Tribunal Constitucional. El alto tribunal tendrá la última palabra tras los recursos presentados por Madrid o Andalucía y marcará quién tenía razón en esta batalla legal sobre las atribuciones que tienen las comunidades. Mientras tanto, su recaudación sigue adelante, estando vigente este año y el próximo. Ingresos más allá de los cedidos Las cuatro figuras fiscales que se encuentran en la cesta de los impuestos cedidos no son las únicas de las que se favorecen las comunidades. Existen numerosos impuestos propios en todas las comunidades salvo en Madrid, que anunció su eliminación. Se trata de figuras que pueden crear cada uno de los territorios dentro del margen que les concede su autonomía. Sin embargo, estos solo aportan un 2% del total de la recaudación, según el reciente Panorama de la Fiscalidad Autonómica y Foral realizado por el Consejo General de Economistas. Las comunidades gobernadas por el PP han utilizado durante el último año la fiscalidad para hacer oposición al Gobierno central, que alcanzaba unas tasas de recaudación nunca vistas antes en España. Esta batalla se prolongará, a tenor del programa electoral del PP para estas elecciones autonómicas. "Los impuestos bajos representan un incentivo para la recuperación y el fortalecimiento de la actividad económica, así como para la generación de empleo", defiende el documento marco del partido. El discurso encabezado por el propio líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, cuando afrontaba el asalto a la presidencia del partido llegó a acusar al Gobierno de "forrarse" con la subida de la luz o la gasolina. Sin embargo, esta subida de recaudación también recae en las Comunidades. Los territorios se benefician de un 50% del IRPF o el IVA o del 58% de algunos impuestos especiales como el de hidrocarburos, contra el que los populares hicieron una importante batalla.