De joven, la madera era un palet callejero, hecho al trabajo duro y a soportar cargas pesadisímas, pura clase obrera; un día se encontró con una teja de mi antiguo tejado, con un curro sedentario y aburridísimo aunque duro por el frío y la lluvia que soportaba.
Hablaron de sus condiciones laborales y como sortearlas, hasta que dieron con la clave; juntas tendrían un trabajo adecuado, bajo techo, calentitas y rodeadas de buenos libros.
Hoy es su primer día.
