Buen día, miserables.
Dijo el presidente Nicolás Avellaneda--tercer "histórico" tras Mitre y Sarmiento--para redondear la apertura de sesiones ordinarias del Congreso allá por el remoto 1876:
Los tenedores de bonos argentinos deben, a la verdad, reposar tranquilos. La República puede estar dividida hondamente en partidos internos; pero no tiene sino un honor y un crédito, como sólo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarían hasta sobre su hambre y sobre su sed, para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros.
Nada, por alguna razón me acordé. Sigan con lo suyo.
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