Hace mucho que no hay #ViernesDeMitologíaGriega y hoy me apetece rescatar un mito sobre un dios que nos recuerda cómo la ira, bien dirigida, es necesaria y nos lleva a defender nuestros derechos y al de las personas que queremos: #Ares.
Ares es el dios de la guerra, en su vertiente militar y violenta. Tenía una hija llamada Alcipe, fruto de una relación con la princesa Agraulos. Halirrotio, hijo de Poseidón, violó a la muchacha. Ares, que pilló al chaval en pleno delito, se lo cargó.
#Poseidón denunció a Ares y así es como el dios de la guerra fue juzgado por lo que muchos mitos consideran el primer homicidio de la historia. El juicio fue celebrado por los dioses olímpicos, quienes votaron que el dios fuera absuelto porque consideraron que su acto estaba justificado por defender a su hija. Poseidón fue el único que votó en contra. A partir de entonces, a dicho monte se le conoce como Areópago (colina de Ares).
A menudo se interpreta este mito como que Ares es un defensor de las mujeres. Una interpretación muy válida, pero originalmente la lectura era muy diferente.
Para los griegos no había una palabra equivalente a "violación", pero sí entendían el concepto de forzar sexualmente a alguien, ejerciendo violencia física, y esto sí era castigado.
En el caso de Ares, no es tanto porque fuera un dios feminista, sino porque éste protege a su hija. De hecho, abusar de una mujer se consideraba más una ofensa sobre el marido o el esposo que sobre la libertad sexual de la mujer en sí.
Pero sí podemos leer este mito como una historia sobre la necesidad de ejercer la violencia cuando somos violentados. Ares no puso la otra mejilla, no se resignó a "demostrar ser mejor". Usó sus medios para salvar a su hija. Y su medio era la ira dirigida para salvar a quien ama.
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