La puerta apareció en el muro...
Miró de nuevo. «¿Una puerta? ¿Cuántas me he tomado hoy?», pensó, examinando el espacio y distinguiendo a duras penas las latas de cerveza esparcidas a su alrededor. Intentó levantarse, pero resbaló tres veces. «¡Mierda!» Respiró hondo. «¿Qué me importa la puerta? Ni siquiera tengo la llave».
De repente, la puerta se abrió; no del todo, solo una rendija por la que se colaba un haz de luz. Se levantó de un salto y echó a correr en dirección opuesta. «Hoy no. Mañana. Hoy no me apetece ir allí, sea donde sea. Por ahora, todavía quiero seguir vivo», pensaba mientras se alejaba, corriendo.

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