La censura a nuestras sexualidades e identidades diversas no es neutral: es una forma de control que decide qué cuerpos, placeres y afectos pueden existir públicamente. El BDSM, las disidencias sexuales y de género, y las expresiones no normativas del deseo no solo incomodan por su carga erótica, sino porque desobedecen estructuras de poder que organizan el mundo.