@meritocrata_

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Un simple lector.
«La vida en la vida moderna líquida es una versión siniestra de un juego de las sillas que se juega en serio. Y el premio real que hay en juego en esta carrera es el ser rescatados (temporalmente) de la exclusión que nos relegaría a las filas de los destruidos y el rehuir que se nos catalogue como desechos. Ahora que, además, la competición se vuelve global, esta carrera tiene que celebrarse en una pista de dimensiones planetarias.»
“Vivir en el paro laboral es entregar los días (las semanas, los meses, los años) a la dilación de las esperanzas, es sencillamente no vivir. «Sólo quien trabaja tiene pan», reza el viejo proverbio bíblico; pero el desocupado se priva de muchas más cosas, además del pan. Entre otras, de su propia consideración y estima.”
[...] al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la libertad humana —la libre elección de la acción personal ante las circunstancias— para elegir el propio camino.
«El odio a la razón, tan extendido en nuestra época, se debe en gran parte al hecho de que el funcionamiento de la razón no se concibe de un modo suficientemente fundamental. El hombre dividido y enfrentado a sí mismo busca excitación y distracción; le atraen las pasiones fuertes, pero no por razones sólidas sino porque de momento le sacan fuera de sí mismo y le evitan la dolorosa necesidad de pensar.» (Bertrand Russell)
Las utopías son peligrosas cuando intentan imponer una idea, pero son extremadamente necesarias como sueño, impulso, estímulo. Aunque no esté a nuestro alcance la perfección, el ser humano no puede resignarse a pensar que el porvenir será una simple reiteración de un presente insatisfactorio.
«El enjambre digital no es ninguna masa porque no es inherente a ninguna alma, a ningún espíritu. El alma es congregadora y unificante. El enjambre digital consta de individuos aislados. [...] Los individuos que se unen en un enjambre digital no desarrollan ningún nosotros.»
«En realidad, no se habían visto desde hacía tres años, y se le notaban tanto que a ella la horrorizó la idea de que él la viera con el mismo estupor con que ella lo veía. Le quedaban los ímpetus de gladiador, pero tenía la piel rocallosa, una papada renacentista y unas hebras de cabellos amarillentos erizados por la brisa del mar.»

[...] lo mismo con relación a un estado, que con relación a un simple particular, la libertad excesiva debe producir, tarde o temprano, una extrema servidumbre.

[...] Por tanto es natural que la tiranía tenga su origen en el gobierno popular; es decir, que a la libertad más completa y más ilimitada suceda el despotismo más absoluto e intolerable.

(Platón, La República, Libro VIII)