Existe una forma de soledad en compañía más profunda y aterradora que la soledad emocional. No es la tristeza de no ser amade como tú querrías, sino el horror tétrico de no compartir la realidad. Es una soledad lingüística y ontológica.
Me gusta imaginar la metáfora de las islas desiertas para explicar mi miedo.
En la primera isla estás con alguien que no habla tu idioma. No es lo mejor que podía pasar, pero no hay soledad. Incluso si esa persona te cae mal, podéis luchar juntes por la supervivencia:@eñaláis el mismo coco para come4, construís el mismo refugio, os bañais en las olas, buscáis agua. Compartís un mundo. El idioma es sólo una barrera momentánea hasta construir, poco a poco, un lenguaje común.
En la segunda isla, estás, completa y rotundamente,sole. La lucha es la supervivencia, por un lado, y la soledad por ogro. pero tu mente es tu aliada. Si tu lógica es coherente, tu mundo sigue siendo estable. Puedes marcarte objet8vos, buscar salidas, inventar historias, recordar el pasado..
Luego está la tercera isla. La pesadilla (al menos para mi). Estás con alguien que habla tu idioma, pero no habita tu realidad. Su discurso es un laberinto con asociaciones privadas, ideas desestructuradas y referencias a cosas que para ti no existen. Para esta persona, por ejemplo, un coco no es alimento, sino un símbolo de una religión, la sed es una tentación, el baño un ritual satánico,...
En esta situación, la soledad va más allá de que no exista un "nosotres" posible, ni que su mundo sea un universo paralelo con leyes físicas y lógicas diferentes...el verdadero terror existencial es el riesgo de que tu propia cordura se vaya perdiendo. Cada intento de comunicación es una prueba de fuego que va a poner en jaque los fundamentos de la realidad...