Me imagino a un Eugenio la mañana del 1 de octubre, desayunando tranquilamente y preparándose para un rutinario día de trabajo. Se sienta a controlar su tranquila red social con 4 gatos, cuando de repente algo pasa: al principio ve tomar la playa a unos pocos, pero de repente ve llegar hordas de bárbaros hablando un extraño lenguaje e intentando clavar una bandera en la arena. El resto es historia.