El maestro y el mar
"El 25 de julio de 1936, apenas una semana después del alzamiento militar en Marruecos, Benaiges fue fusilado en las proximidades del pueblo donde impartía sus clases"
El Ayuntamiento de Briviesca, en manos del Partido Popular, ha censurado la representación de El maestro que prometió el mar, una obra sobre Antoni Benaiges que se inspiraba en el hermoso libro en el que Francesc Escribano, Francisco Fernández, Queralt Solé y Sergi Bernal desempolvaron hace una década una historia que corría el riesgo de convertirse en pasto del olvido. Benaiges, maestro catalán, fue destinado en 1934 a la localidad burgalesa de Bañuelos de Bureba, un enclave aislado de la civilización en el que incorporó las técnicas pedagógicas que traía aprendidas de la ciudad y en cuya escuela comenzó a aplicar los métodos con que la Institución Libre de Enseñanza trataba de corregir el atraso secular en que vivía un país que llevaba demasiado tiempo oliendo a cerrado y sacristía. Entre sus ideas estuvo la de pedir a sus alumnos que escribieran redacciones que luego, y gracias a una pequeña imprenta, veían la luz en pequeñas publicaciones que se repartían por el pueblo. Uno de aquellos cuadernillos estaba dedicado al mar, o mejor dicho a la idea que de él tenían unos niños y unas niñas que, anclados como estaban a las profundidades de la España vacía, no habían podido verlo nunca. Él les prometió que organizaría una excursión a Cataluña para que gozaran del privilegio de contemplar las inmensidades mediterráneas con sus propios ojos. El 25 de julio de 1936, apenas una semana después del alzamiento militar en Marruecos, Benaiges fue fusilado en las proximidades del pueblo donde impartía sus clases. Las familias de sus pupilos, por miedo a que pendieran sobre ellos las mismas acusaciones que se vertían contra el maestro, incendiaron los cuadernillos —que se sepa, sólo han sobrevivido dos números— y su memoria se fue enterrando poco a poco hasta el punto de que, cuando el médico y escritor José Antonio Abella ofició en Bañuelos de Bureba entre 1979 y 1983, nadie allí mencionó jamás ni a Benaiges ni a su legado. Era un final injusto para alguien que murió por guardar fidelidad a su palabra, porque lo cierto es que podría haberse salvado. En las fechas en que lo prendieron, Benaiges debería estar en su Cataluña natal y no en Castilla. El curso había terminado y no debía retomar sus obligaciones docentes hasta el mes de septiembre. De hecho, se sabe que tras las últimas clases de junio regresó a su tierra y permaneció allí unas semanas hasta que, a mediados de julio, regresó a Bañuelos de Bureba, donde lo secuestraron para llevarlo ante el paredón. Durante un tiempo nadie se explicó muy bien a qué obedecía aquella vuelta extemporánea y fatal del maestro a un destino del que quedaba temporalmente eximido. La respuesta, que se supo muchos años después, la tenían sus alumnos: había vuelto para organizar con ellos y sus familias el viaje que, al fin, les permitiría conocer el mar.
Miguel Barrero 11/Jul/2023
https://www.zendalibros.com/a-salvo-del-vendaval/
"El 25 de julio de 1936, apenas una semana después del alzamiento militar en Marruecos, Benaiges fue fusilado en las proximidades del pueblo donde impartía sus clases"
El Ayuntamiento de Briviesca, en manos del Partido Popular, ha censurado la representación de El maestro que prometió el mar, una obra sobre Antoni Benaiges que se inspiraba en el hermoso libro en el que Francesc Escribano, Francisco Fernández, Queralt Solé y Sergi Bernal desempolvaron hace una década una historia que corría el riesgo de convertirse en pasto del olvido. Benaiges, maestro catalán, fue destinado en 1934 a la localidad burgalesa de Bañuelos de Bureba, un enclave aislado de la civilización en el que incorporó las técnicas pedagógicas que traía aprendidas de la ciudad y en cuya escuela comenzó a aplicar los métodos con que la Institución Libre de Enseñanza trataba de corregir el atraso secular en que vivía un país que llevaba demasiado tiempo oliendo a cerrado y sacristía. Entre sus ideas estuvo la de pedir a sus alumnos que escribieran redacciones que luego, y gracias a una pequeña imprenta, veían la luz en pequeñas publicaciones que se repartían por el pueblo. Uno de aquellos cuadernillos estaba dedicado al mar, o mejor dicho a la idea que de él tenían unos niños y unas niñas que, anclados como estaban a las profundidades de la España vacía, no habían podido verlo nunca. Él les prometió que organizaría una excursión a Cataluña para que gozaran del privilegio de contemplar las inmensidades mediterráneas con sus propios ojos. El 25 de julio de 1936, apenas una semana después del alzamiento militar en Marruecos, Benaiges fue fusilado en las proximidades del pueblo donde impartía sus clases. Las familias de sus pupilos, por miedo a que pendieran sobre ellos las mismas acusaciones que se vertían contra el maestro, incendiaron los cuadernillos —que se sepa, sólo han sobrevivido dos números— y su memoria se fue enterrando poco a poco hasta el punto de que, cuando el médico y escritor José Antonio Abella ofició en Bañuelos de Bureba entre 1979 y 1983, nadie allí mencionó jamás ni a Benaiges ni a su legado. Era un final injusto para alguien que murió por guardar fidelidad a su palabra, porque lo cierto es que podría haberse salvado. En las fechas en que lo prendieron, Benaiges debería estar en su Cataluña natal y no en Castilla. El curso había terminado y no debía retomar sus obligaciones docentes hasta el mes de septiembre. De hecho, se sabe que tras las últimas clases de junio regresó a su tierra y permaneció allí unas semanas hasta que, a mediados de julio, regresó a Bañuelos de Bureba, donde lo secuestraron para llevarlo ante el paredón. Durante un tiempo nadie se explicó muy bien a qué obedecía aquella vuelta extemporánea y fatal del maestro a un destino del que quedaba temporalmente eximido. La respuesta, que se supo muchos años después, la tenían sus alumnos: había vuelto para organizar con ellos y sus familias el viaje que, al fin, les permitiría conocer el mar.
Miguel Barrero 11/Jul/2023
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