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Aquí escribo sobre nada.
Saqué la televisión del cuarto para descansar mejor y tener una especie de santuario de desconexión y solo quiero pegarle un calvazo a mi lado hippie para poder ver series desde la cama.
Hoy fue día de llorar un ratico y servirse un ron. Pero ya, todo bien.
Esta misma niña se despertó salsera y estamos salseando desde las 6 am. Le conté del sueño y no he hecho sino besarla y apapacharlo. Ella no termina de entender.
Soñé que era muy violenta con mi hija mayor. Violenta física y psicológicamente. Qué forma de tan profunda de desintoxicación del alma son los sueños.
Crucen los dedos y préndanle velitas a los dioses del negocio inmobiliario por favor porque necesito cerrar bien el negocio de una casa que me gustó.
Hay una mamá del curso de J q vive preocupada por la discapacidad de J y me llama cada vez que se entera que no la dejaron jugar porque no corría o que le dijeron chueca o algo. Me tenía un poco desesperada, pero hoy en una de esas llamadas de ella, me contó que está en silla de ruedas por una enfermedad autoinmune y a su hija le ha costado aceptar la situación y ha sido durísima con ella. Uno nunca sabe qué es lo que pasa en el corazón de los demás…
Hay una sensación de madurez especial que se deriva de que no le pidan a uno ID en un bar en Estados Unidos.
Hoy me siento como la mujer más afortunada del planeta. Así, con la falda a la que se le soltó el ruedo, el piquete de mosquito gigante en el cuello y la reunión a la que llegué tarde. Pero como no, el guayacán está florecido, las orquídeas están oliendo delicioso, A va a ir a cine con el niño que le gusta, J está feliz, mi trabajo está marchando divinamente, el novio está de visita y hoy me voy a oír boleros en un bar del barrio.
En el colegio de J no alcanzan a decir “Queridos padres de familia, queremos informar que hay casos de pedi…” cuando ya todos los piojos que había en el salón están en mi casa acomodados x 3.
Hoy pensé que las cosas a veces están jodidas pero que estoy viviendo la vida que quería vivir cuando fuera grande. Y pues, qué felicidad. Aquí reporto desde la ciudad más porrera de Colombia un 20 de enero.