SOBRAN redes sociales, mastodon es solo una más.
No me voy a quedar aquí xD
Así que adiós, sigo difundiendo mi mierda en estas otras redes:
SOBRAN redes sociales, mastodon es solo una más.
No me voy a quedar aquí xD
Así que adiós, sigo difundiendo mi mierda en estas otras redes:
Este chiste fue borrado por Mastodon.social ¡Gracias Mastodon! me has demostrado de qué material fecal estás hecho.
Lo vuelvo a subir porque seguro fue por una palabra "peligrosa" en la descripción, no por el comic en si.
Monstruos imposibles, de múltiples ojos verticales, alas que se retorcían como agua viva. Fieras que gemían sin boca, sombras alzadas como recuerdos enfermos.
Leonora los vio, y algo dentro de ella vaciló.
Subieron, el pasillo temblaba y la estructura jadeaba, el aire espeso, saturado de polvo.
Y entonces, la guerra les alcanzó en plena noche absoluta, iluminados por el fuego.
Explosiones florecían entre las ruinas, disparos secos, gritos rotos. Granadas como semillas malditas rebotaban en las piedras, los del Dogma se estrellaban contra los demonios del Sacerdote. Drones armados cruzaban el cielo, volando como insectos sagrados.
Y en medio del humo... las apariciones.
—No tardo, ya termino.
Y por un instante, por ese instante se le vino a la mente una frase repugnante de cierta pervertida.
"—¿Qué haces, cariño? ¿Descargando porno...?"
Era literalmente lo que estaba haciendo en ese mismo momento, y aún así no canceló las transferencias, prosiguió hasta finalizar.
Leonora extrajo el conector, cerró la mochila sin mirar atrás y se la colgó al hombro como si llevara un secreto condenado.
—Tenemos que irnos —dijo ya con el arma preparada.
Leonora tardó en moverse.
—¿Quiénes son?
—Los Custodios del Dogma... y los de la Voz del Eco, están en plena guerra y no me apetece morir quemado por un dragón hoy.
El brillo de la tableta le tiñó el rostro, Leonora comenzó a copiar los archivos a una de sus unidades, respiraba con urgencia, el sudor descendía por su nuca acariciándola como un dedo invisible. El ruido de la guerra subía por las paredes, como una bestia a punto de irrumpir.
Una explosión hizo estremecer los cimientos del techo como un gemido contenido de la tierra.
El polvo llovió desde las rejillas oxidadas con la delicadeza de una nevada maldita. Las pantallas titilaron como párpados febriles, la imagen de Dorian, desde la consola, se fragmentó en líneas sangrantes antes de recomponerse. Una segunda detonación —más brutal, más cercana— arrancó del pasillo un lamento vibrante, Ramiro subió a explorar, luego regresó, no le costó averiguar lo que sucedía.