Lo de hoy en Brasil, es alegría
Pero más que eso, es alivio, porque ese hermoso e inmenso país, quedará en manos más sensatas
Pero incluso más, es miedo: ¿Cómo es que casi la mitad de los votantes querían que siguiera un fascista, o al menos que no volviera Lula?
Habrá mucho que reflexionar sobre el peso que sigue teniendo la democracia en el votante promedio. Y también, el rol que a las fuerzas progresistas le cabe en el descontento actual
Lo más importante: no entregarse al analisis simplista