Centenares de bolsonaristas radicales asaltan el Congreso, el Tribunal Supremo y la sede del ejecutivo brasileño
Centenares de seguidores del expresidente brasileño Jair Bolsonaro han invadido este domingo la sede del Congreso Nacional en una manifestación que pedía una intervención militar para apartar al presidente Luiz Inácio Lula da Silva de la presidencia del país. Los bolsonaristas radicales también han atacado y asaltado el Palacio del Planalto, sede del poder ejecutivo, y el edificio del Tribunal Supremo. Los tres objetivos de los radicales se encuentran en la Plaza de los Tres Poderes de Brasilia, la capital del país. "Pagarán con la fuerza de la ley", ha señalado el presidente Lula da Silva, que ha firmado un decreto ordenando la intervención de las fuerzas estatales en el distrito federal de Brasilia, lo que significa que las fuerzas de seguridad del gobierno central pueden intervenir en la seguridad de todo el distrito federal, que normalmente está bajo el mando de la policía de Brasilia. Lula ha destituido también al secretario de seguridad de la capital. "Es preciso que esta gente sea castigada de manera ejemplar. Esto nunca había pasado ni en el auge de la llamada lucha armada de este país ni en ninguna de las disputas de los poderes del Estado. Voy a volver a Brasilia a visitar los tres palacios y vamos a intentar descubrir quién ha financiado todo esto. Investigaremos también si alguien del Gobierno federal está metido en esto", ha añadido. El grupo, que defiende tesis golpistas, superó una barrera policial y subió la rampa que da acceso al techo de los edificios de la Cámara de los Diputados y del Senado. Según medios brasileños, los manifestantes entraron en el Congreso sobre las 14:40 horas de este domingo y han accedido hasta el interior de la cámara de los diputados. Después se han dirigido al Palacio del Planalto, la sede del poder ejecutivo del Gobierno Federal brasileño y al Tribunal Supremo, cuyas ventanas están rotas por los ataques de los radicales, que también han destrozado el mobiliario y han robado algunos objetos del interior de los edificios. En una de las primeras reacciones del Gobierno brasileño, el ministro de Justicia, Flávio Dino, ha asegurado que "no prevalecerá" la voluntad de los bolsonaristas y ha añadido que "habrá refuerzos" policiales para parar la intentona. El ataque se produce dos años después del asalto al Capitolio en EEUU por seguidores de Donald Trump. La policía federal ha intervenido en la plaza lanzando gases lacrimógenos desde helicópteros para dispersar a los manifestantes y decenas de soldados han entrado en las oficinas presidenciales para expulsar a los radicales. "El Congreso Nacional nunca ha negado una voz a quienes quieren manifestarse pacíficamente. Pero nunca dará lugar a la agitación, la destrucción y el vandalismo", ha señalado Arthur Lira, presidente del Congreso de los Diputados y aliado de Bolsonaro. Los extremistas, en su mayoría con camisetas amarillas y verdes y banderas de Brasil, también atacaron algunos vehículos de la Policía Legislativa, que brinda seguridad al Congreso. Destruyeron barreras de protección y armados con palos se enfrentaron a los agentes que intentaron contener, sin éxito, la entrada de los manifestantes. Lula, que asumió la Presidencia de Brasil el pasado día 1, se encuentra este fin de semana de viaje en la ciudad de Araraquara, en Sao Paulo. Jair Bolsonaro está pasando unas vacaciones en Florida, EEUU, y aún no se ha pronunciado en público por lo sucedido. Rodrigo Pacheco, presidente del Senado de Brasil, ha dicho en un comunicado que ha hablado con el gobernador de Brasilia, quien le ha confirmado que toda la fuerza policial del estado ha sido dirigida "para controlar la situación". "Estoy vehementemente en contra de estas acciones antidemocráticas que deben ser castigadas de acuerdo con la ley urgentemente", ha añadido. Centenares de bolsonaristas radicales llevan acampados frente al Cuartel General del Ejército, en Brasilia, desde el día posterior a las elecciones del pasado 30 de octubre, en las que Lula derrotó a Bolsonaro. Los campamentos de los bolsonaristas radicales, que se han multiplicado en ciudades de todo el país, comenzaron a ser desmontados el viernes en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, donde ocurrieron algunos disturbios. El sábado, el ministro de Justicia, Flávio Dino, autorizó la actuación de la Fuerza Nacional de Seguridad, un grupo de élite de los cuerpos de Policía de todo el país, que se moviliza para misiones especiales. Desde el triunfo de Lula en la segunda vuelta electoral del 30 de octubre con el 50,9% de los votos válidos frente al 49,1% de Bolsonaro, los simpatizantes de este se han concentrado en las afueras de los cuarteles del Ejército. Antes de la invasión del Congreso, Dino se pronunció en las redes sociales y dijo que los opositores deberán esperar hasta 2026, cuando se celebren las próximas elecciones presidenciales, así como el actual Gobierno esperó entre 2018 y 2022. En un comunicado, Dino manifestó que el Ministerio de Justicia convocó una reunión de emergencia con los organismos de seguridad para hacer frente a las manifestaciones. Los actos en Brasilia se han extendido por otras ciudades del país, entre ellas Sao Paulo, donde la Avenida 23 de Maio, una de las principales de la ciudad, ha sido bloqueada por bolsonaristas que impiden la circulación de automóviles cerca del aeropuerto de Congonhas. Los asaltantes llevaban pancartas con el lema: "Queremos el código fuente". Se trata a una referencia a la programación de las máquinas de recuento de votos, ya que creen, sin ninguna prueba, que se ha producido un fraude electoral. Bolsonaro ha alimentado esta teoría de la conspiración durante meses y de hecho intentó revocar los resultados electorales con un recurso ante el Tribunal Superior Electoral, que acabó multando al partido del expresidente con 4,2 millones de dólares. Reacciones internacionales Varios líderes latinoamericanos han denunciado lo ocurrido. "Impresentable ataque a los tres poderes del Estado Brasilero por parte de bolsonaristas. El gobierno de Brasil cuenta con todo nuestro respaldo frente a este cobarde y vil ataque a la democracia", ha afirmado el presidente chileno, Gabriel Boric. "Toda mi solidaridad a Lula y al pueblo del Brasil. El fascismo decide dar un golpe. Las derechas no han podido mantener el pacto de la no violencia. Es hora urgente de reunion de la OEA si quiere seguir viva como institución y aplicar la carta democrática", ha señalado Gustavo Petro, presidente colombiano. El ministro de Exteriores argentino, Santiago Cafiero, también ha mostrado su apoyo al presidente brasileño. "Frente a las acciones golpistas de la derecha en Brasil, manifestamos nuestra solidaridad con Lula y alzamos la voz en defensa de la democracia brasileña". El presidente español, Pedro Sánchez, también se ha manifestado por lo sucedido. "Todo mi apoyo al presidente Lula y a las instituciones libre y democráticamente elegidas por el pueblo brasileño. Condenamos rotundamente el asalto al Congreso de Brasil y hacemos un llamamiento al inmediato retorno a la normalidad democrática". Por su parte, la secretaria general del Partido Popular, Cuca Gamarra, ha aprovechado el mensaje de Sánchez para criticar al presidente. "Contigo, en España esto ahora es un simple desorden público...".