Un chaval corre hacia su nuevo amor. En su acelerado viaje iniciático tropieza contra una anciana pizpireta que le increpa. -Son tiempos aciagos- afirma la vieja mientras atiza al chaval en la cabeza con una bolsa de lentejas pardinas. -Dame tu patinete, tu chinito de la suerte y tus calzoncillos- demanda la anciana con cierta paternalidad. El chaval, lejos de acceder, saca una imagen en miniatura de la Virgen del interior de la capucha de su sudadera y afirma en tono firme; -Soy de los tuyos, Antonia.