En la línea de mi talibanismo antigringo, cada vez más desatado, últimamente procuro actuar en la línea económica. Si estoy buscando un bar para desayunar o echar unas cerves, y tiene el nombre en inglés: no entro. Si pone 'brunch': tampoco entro. Si tiene un cartel donde el idioma primario es el inglés: tampoco.
Y es que lo tengo claro: si usa el inglés antes que mi propio idioma, es que es un negocio para guiris. O sea, no para locales. O sea, no para mí. Y que quiebre cuanto antes.






