Columna de Pablo Schwarz: Castillos en el aire - The Clinic Online

Mi tío Gabriel era médico; dicen que algo excéntrico y con buen sentido del humor, cosa rara entre sus pares. Visitaba poblaciones y atendía gratis, solo y sin publicidad. Viajaba en una Citrola celeste —que en 1976 era como tener un cuatro por cuatro— a la que le faltaba un tapabarros por un choque y que mi tío, según me contaron, había dejado tirado en la calle porque sabía que nunca iba a perder su tiempo en arreglar un pedazo de fierro.

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