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rafapoverello Buenos días compañeiro.
Yo recuerdo una escopeta de balines que me regalaran mis padres de chaval. Salimos a "cazar" los amigos y le pegué un tiro a un gorrión en mi primer disparo. Le di y cayó al suelo, pero no estaba muerto, había que rematarlo.
Uno de los amigos me dijo: le pones el cañón en la cabeza y disparas.
Lo hice y el remordimiento que aquello me causó hizo que no volviera a coger un arma en mi vida.
Aquella escopeta acabó oxidada en una esquina del trastero: nunca más la volví a usar después de aquel primer día.