El mar del Caribe no es mío, yo soy del mar.
Víctima de la inseguridad que se vive en mi país, caí en un hoyo oscuro que parecía no tener salida y tenía una presión en el pecho que poco a poco comenzó a formar parte de mi. Sin desearlo, me fui un par de meses a Cancún y a Playa del Carmen. Todos los días trataba de visitar la playa; mi rutina era sencilla. Despertar, asearme, prepararme para ir al playa, manejar y ponerme a leer frente al azul turquesa que caracteriza esas playas.

