Desde que lo estudié en la carrera, ha sido crucial para mí el concepto de don o economía del don, y su diferencia frente a la economía del intercambio y la del mercado.

Robin Wall Kimmerer, autora de ‘Una trenza de hierba sagrada’, trata este tema desde su perspectiva como mujer potawatomi en su ensayo ‘El guillomo. Abundancia y reciprocidad en el mundo natural’, publicado en castellano por Capitán Swing. Os comparto unos fragmentos:

«En la economía anishinaabe tradicional, la tierra es el origen de todos los bienes y servicios, que se distribuyen en una especie de intercambio de dones: una vida se entrega para ser sostén de otra. [...] Recibir un don de la tierra lleva consigo responsabilidades: compartir y respetar, la reciprocidad y la gratitud, y esas responsabilidades te serán recordadas. [...]

»Si nuestra primera respuesta al recibir los dones es la gratitud, la segunda ha de ser la reciprocidad: hacer un regalo a cambio. ¿Qué podría yo ofrecer a las plantas para corresponder a su generosidad? Podemos devolver el don con una respuesta directa, limpiando la maleza o regándolas o entonando una canción de agradecimiento que lance mi estima al viento. También podríamos crear un hábitat para las abejas solitarias que fertilizaron esos frutos. U optar por una acción indirecta, haciendo una donación a la asociación local que administra las tierras indígenas, expandiendo así el hábitat de los dadores de dones [...].

»Permitidme que explique a qué me refiero al hablar de reciprocidad como relación. No me estoy refiriendo a un intercambio bilateral que genera una obligación y puede resolverse con un “pago” recíproco. Hablo de dispersar el don, de mantenerlo en movimiento de manera abierta para que no SR acumule y se estanque, para que siga expandiéndose, como los regalos de los frutos silvestres en el ecosistema».

Esta diferencia la ejemplifica más adelante así:

1/

#lecturasdejanadembosco

«Dentro de la economía del guillomo, una vez que acepto el don del árbol, lo extiendo a mi alrededor: le regalo bayas al vecino, que hace una tarta para compartir con su vecino, quien, a su vez, se siente tam saciado de alimentos y amistad que acude a colaborar al banco de alimentos. Puedes hacerte una idea de cómo prosigue la cadena.

En cambio, si adquiero una cesta de frutos silvestres dentro de la economía de mercado, la relación finaliza cuando se produce el intercambio de dinero. En el momento en que entrego la tarjeta de crédito, mi interacción con el dependiente o con la tienda se termina. Punto final. Ahora los frutos son míos y puedo hacer con ellos lo que se me antoje. El vendedor, la empresa y yo —la clienta— realizamos una transacción estrictamente material. No se crea comunidad, solo se comercia con bienes».

Y concluye:

«Considerar que el mundo es un obsequiyo conlleva sentirse miembro de la red de reciprocidad. Te hace feliz y, al mismo tiempo, te hace responsable. Concebir algo como un don transforma profundamente la relación hacia esa “cosa”, aunque su composición física no haya cambiado [...]: eres responsable de ella y tu gratitud posee una fuerza motriz en el mundo».

2/

Hace un tiempo, escribí un artículo en mi blog¹ (que podéis leer impreso en mi segundo fanzine²) titulado “Propiedad y co-pertenencia“. En él, planteaba cómo sustituir la acepción posesiva (“mi“ casa es mía porque es “mi propiedad privada, mi posesión“) por una concepción de co-pertenencia (la llamo “mi” casa porque es el espacio que yo habito, que me cobija y al que yo a su vez cuido y mantengo) coloca a los objetos inanimados en un estatus moral completamente distinto: ya no son meros objetos pasivos susceptibles de ser intercambiados y vendidos sin afectividad alguna, sino que pasan a ser cosas que forman parte de cadenas de afectividad, responsabilidad y reciprocidad.

En la economía del don, no somos individuos abstractamente iguales. No se trata de dar lo que se recibe ni de saldar inmediatamente las deudas. La “deuda“ deja de ser un vacío a rellenar cuanto antes y se convierte en el estado natural de cada uno de los seres vivos: ninguno somos capaces de procurarnos nosotros solos los medios para vivir, necesitamos de los demás, y la dependencia que tenemos de los demás es algo que no solo no puede suprimirse, sino que debe cultivarse.

La “deuda“ deja de ser “culpa“ (en alemán estos dos conceptos se expresan con la misma palabra) porque se expresa más bien a través de la *gratitud*, como motor para la acción: este don que he recibido me hace consciente de mi interconexión con el mundo que me rodea y ahora siento la necesidad de honrarlo, donando a otro(s) ser(es) lo que yo le(s) pueda ofrecer. Cuando se da, en la economía del don, no solo se provee un bien o un servicio, sino que se cultiva una relación. La reciprocidad, en este contexto, no es la devolución de un bien/servicio equivalente, sino que consiste en asumir la responsabilidad de nutrir ese vínculo también tú, lo cual rara vez consistirá en que des/hagas exactamente lo mismo que has recibido.

3/

¹: https://masto.es/@JanaDelBosco/115706941184199413
²: https://janadelbosco.vercel.app/propiedad-y-co-pertenencia/

🌸Raquel de Abril🌸 (@[email protected])

Attached: 4 images Hace semanas que os compartí mi interés por sacar un segundo fanzine y... ¡Ya está aquí! 🥳 Se titula «Te considero. Pequeñas reflexiones acerca del buen querer». Tiene la misma extensión que el anterior (40 páginas), pero en esta ocasión se trata de una colección de textos independientes entre sí, aunque relacionados temáticamente. De hecho, la idea original en su día era publicarlos junto con el texto de mi fanzine anterior, «Repensando el enamoramiento más allá de lo romántico», pero no tenía sentido hacer un “fanzine” de 80 páginas. Algunos de estos textos quizá algunos de los que me leéis los hayáis leído ya, puesto que fueron publicados en mi blog. Sin embargo, lo que recaude con el fanzine no será para mí, sino solo para cubrir los gastos de imprimirlo y enviarlo y, el resto, para donarlo. En este caso, mi intención es emplearlo para apoyar un amigo que se encuentra en una situación económica realmente complicada, así que me estaríais ayudando a apoyarle 👉👈 Y si lo compráis en la librería malaletra de La Villana de Vallekas (aún no he tenido tiempo de dejar ejemplares allí, pero lo haré en cuanto pueda), también los estaréis apoyando a ellos. Igual que la otra vez, si os interesa tener un ejemplar, os ofrezco enviároslo vía correo ordinario por un precio a partir de 6€. Para ello, solo tenéis que darme un email de contacto, para que desde ahí me digáis a qué dirección postal mandarlo y yo os dé mi cuenta de PayPal. O podéis enviarme vuestros datos directamente a [email protected]. Ah, y aún me quedan ejemplares de «Repensando el enamoramiento más allá de lo romántico». Si alguien se quedó con ganas, por a partir de 10€ le puedo hacer llegar los dos fanzines juntos 📚💕 (He cambiado el precio del pack porque he ido a Correos y han duplicado el precio del envío para ese gramaje 😭💔 De todos modos, me quedan ya muy poquitos ejemplares del 1o).

Mastodon en masto.es

Como decía, en la economía del don no somos individuos abstractamente iguales. Somos miembros diferenciados de una misma comunidad o ecosistema. No aporta lo mismo al ecosistema la abeja que el hongo, el buitre que la lombriz, el mosquito que el musgo. Cada miembro aporta conforme a su naturaleza y su impacto global en la comunidad es más o menos visible, pero ninguno de ellos es sacrificable.

Lo mismo ocurre entre los humanos. No se trata de que cada uno tenga que aportar lo mismo, de la misma forma y en grados o cantidades equivalentes. Cada uno es un ser único, en un lugar único de la comunidad. Se trata de que desde ese lugar único cultivemos la relación con los otros y con la comunidad, en la medida en que sepamos y podamos.

Por ejemplo, los dones que ofrecen los niños no son menos valiosos, por “improductivos“, ni su valor reside en su futura productividad. Son bienes en sí mismos. Cuando un niño hace una figurita de plastilina y te la regala, cuando te da las gracias y te sonríe, cuando te expresa su confianza cogiéndote de la mano, está siendo recíproco contigo. No tiene modo de devolver todo lo que recibe desde su lugar de suma dependencia, pero es que tampoco esperamos eso ni lo necesitamos. Sin embargo, con ello está haciendo ese gesto básico de cultivar vuestra relación desde su lugar, y con eso honra su lugar en la comunidad y en la red de interdependencias. Así de sencillo.

Los niños no están en deuda. Ninguno deberíamos estarlo por existir.

4/4

@JanaDelBosco un problema teórico que dejo por aquí:

El derecho es la forma social que rige la relación en una economía de mercado, como demuestra M. creo que en el capítulo 3 del Essai sur le don. ¿Cuál sería una categoría antropológica semejante en las sociedades del intercambio, sin Estado (o contra él)? Porque la obligación moral es realmente insuficiente, ambigua, una salida fácil para explicar dinámicas culturales amplias y complejas. En otras palabras:

mercado:potlach = derecho:??

@kupaye No sé si entiendo lo que planteas. ¿En qué sentido lo planteas como un problema teórico y no empírico? Tampoco entiendo lo que pones esquemáticamente en la última línea, perdona :(
@JanaDelBosco Las relaciones en una economía de mercado están regidas por el derecho. Sin derecho no hay mercado. Mauss se detiene en eso largamente. Y, en cambio, se supone que en la economía del don, el intercambio fluye (según Mauss) por obligaciones morales recíprocas (dar, recibir, devolver). Sin embargo, la hipótesis de Maus de las obligaciones morales no es compartida por las comunidades indígenas, que a la hora de intercambiar, dan muchas otras explicaciones
@JanaDelBosco Entonces, si descartamos las obligaciones morales (a la reciprocidad) como relación fundamental de la economía del don (como lo es el derecho a la economía de mercado) ¿qué categoría antropológica nos podría servir para describir mejor la reciprocidad, más allá de las obligaciones o el deseo? Son dudas que me surgieron luego de leer El género del don, de Marylin Strathern, que pone del revés a la antropología económica diciendo cosas como que...
@JanaDelBosco los melanesios no distinguen sujeto de objeto y en cada transacción se "corta" un aspecto de una persona andrógina y se hace aparecer su lado masculino o femenino. Aquí Strathern dispara contra la teoría clásica del intercambio y contra el feminismo antropológico que proyectaba sobre Melanesia el modelo occidental de la economía. Pero ese es otro tema.
@kupaye No he leído a Strathern aún, así que no sé gran cosa del tema que planteas, pero es interesante :)
@JanaDelBosco por otra parte, dado que el ensayo sobre el don (y toda la antropología que se desprende de ahí) es un análisis escrito desde la perspectiva eurocéntrica, entonces la antropología económica es un análisis de la economía de mercado sobre la economía del don, ¿cómo sería, en cambio, un ensayo de la economía del don sobre la economía de mercado? no existe, que yo sepa, pero creo que el libro de Davi Kopenawa, Yanomami, y Albert, La caída del cielo, puede parecerse a eso
@JanaDelBosco Tu estudias o has estudiado japonés, o me confundo? En su momento, me di cuenta de que aunque existe la posibilidad de expresar relaciones (con personas, objetos) de forma gramaticalmente "posesiva", apenas se usa comparado con las lenguas latinas y germánicas.

No dices "mi madre", dices "madre", y se entiende que es según tu contexto. De hecho, cuando sí hace falta explicitar, se usa la partícula de "tema" y no la de "propiedad", (el equivalente bastante similar a "de"). Entonces, se diría algo como "hablando de ti, cómo está la madre?". Igual con las partes del cuerpo, que no son "mías", sino "parte" de mi.

Me parece muy bonito y liberador, pero claro, tenemos que hacer con lo que razonablemente tenemos. Por eso me gusta mucho lo que propones de resignificar el posesivo gramatical. Yo de peque, de hecho, no entendía cuando la gente hablaba de "me voy a
mi pueblo" o a "mi camping". Como si fueran los reyes o algo de ahí. De verdad tuve que aprender que no pretendían eso.

En casa, en cambio, cuando íbamos a un sitio, hablábamos por su nombre, o "el sitio donde veraneo" o "el pueblo al que voy".

Puede ser más seco y utilitarista también, al no identificarse con el sitio. Pero era lo que conocía yo :)
@lan Qué va, de japonés no sé nada, así que gracias por compartir lo que comentas, me parece super interesante :) Creo que para nosotros el problema no es gramatical como tal. Como argumento en mi artículo, no hay nada inherentemente posesivo a la expresión “mi padre“ o “mi ciudad“. Para mí el problema no es lingüístico, sino metalingüístico: ¿por qué los gramáticos decidieron llamar “posesivo“ a ese determinante“? No denota posesión en la mayoría de casos, sino relación; la acepción posesiva es solo un caso particular, no el general.

@JanaDelBosco
@lan

> ¿por qué los gramáticos decidieron llamar “posesivo“ a ese determinante“?

¡Trivia lingüística! No hubo ningún motivo. :')

A Don no importa quién la dio un día por llamar "posesivo" a lo que hasta entonces de conocía como "genitivo", a la gente le gustó y se extendió un tanto incluso entre profesionales porque a) “suena más normal”, y b) no representa *tan* mal un par de las formas más comunes (que además resultan ser unas de las pocas específicamente marcadas en el inglés), y a raíz de esto se creó un lío y discusiones del copón porque ciertamente "posesivo" no representa ni de lejos todos los usos del "genitivo". :D

Realmente no se resolvió más allá de decir, “vale, el posesivo es *estas* formas de genitivo específicamente”, pero buena suerte en aplicar eso consistentemente a través de todos los lenguajes………
(No es que no se intente, por otro lado. Mi interpretación es que es principalmente inercia, y que sí está más o menos bien definido para el inglés y los romances — al resto, que se apañen como puedan).

En contextos informales, todavía se usa "posesivo" para hablar del "genitivo" en conjunto (porque, la a arriba…). Pero el concepto de "genitivo" existe, y a poco que se generalice sigue siendo más apropiado. ;3

PS: maravilla de hilo. ❤️

@yenndc @lan Cierto, no me acordaba de indicarlo (aunque creo que en el post de mi blog que menciono abro con una cita que lo menciona), pero, efectivamente, en términos gramaticales tiene mucho más sentido hablar de genitivo. Gracias por el apunte <3
@JanaDelBosco esta descripción me recuerda mucho este artículo, del que ví la referencia en el libro de Graeber y Wengrow
https://scholarship.claremont.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1279&context=hmnj
@ng ay es super interesante! Me pierdo un poco en cuanto mete el lenguaje matemático, eso sí, pero mola! Gracias por compartir
@JanaDelBosco Justo me pasó lo mismo. Entendía la economía del don, el potlach, etc pero cuando leí el libro tomó otra dimensión. Ese capítulo de las fresas silvestres: pura poesía
@Riawr Escribe de una forma maravillosa esta mujer