Túnez enfrenta permanentes ataques: ¿Cómo ciertos grupos en el exterior se han convertido en instrumentos del proyecto de desestabilización contra el gobierno de Kais Saied?
En respuesta a los continuos ataques mediaticos y falsedades descaradas , de parte de la oligarquia atlantista , contra el gobierno de Kais Saied , esta respuesta del presidente de la organizacion de la juventud arabe que pone los puntos en las ies al periodico « il foglio » acerca de su ultima publicacion .
Desde el inicio del proceso nacional correctivo el 25 de julio de 2021, Túnez entró en una nueva etapa cuyo lema principal fue la recuperación del Estado nacional de las manos de un sistema de corrupción y dependencia extranjera que gobernó el país durante toda una década. A pesar de las dificultades económicas y sociales que atraviesa el país, lo que hoy llama la atención es la magnitud de la ofensiva política y mediática organizada por sectores opositores que operan principalmente desde el extranjero, con apoyo directo o indirecto de círculos europeos, especialmente en Francia e Italia, con el objetivo de desacreditar al Estado tunecino y desestabilizarlo.
Una década negra que destruyó el Estado tunecino en nombre de la “democracia”
Antes del 25 de julio, Túnez vivió lo que falsamente se llamó “transición democrática”, mientras la realidad revelaba cada día el tamaño de la catástrofe causada por los partidos gobernantes al Estado y a la sociedad. El país se transformó en un escenario de conflictos partidistas y chantaje político bajo el mando de alianzas fracasadas dirigidas por la derecha islamista y figuras vinculadas al sistema previo a la revolución, sin ningún verdadero proyecto nacional para salvar a Túnez.
Aquella década no fue una democracia, sino más bien un caos organizado. Durante esos años, los tunecinos vivieron asesinatos políticos que tuvieron como víctimas a Chokri Belaid y Mohamed Brahmi, además de ataques terroristas sangrientos contra el ejército nacional y las fuerzas de seguridad, dirigidos contra los valientes soldados tunecinos.
En ese período también se abrieron las puertas del país a financiamientos extranjeros sospechosos y asociaciones que se transformaron en instrumentos de influencia política, mientras redes de reclutamiento enviaban a jóvenes tunecinos a Siria y Libia para involucrarlos en guerras que no tenían nada que ver con ellos. Miles de familias tunecinas pagaron el precio, mientras los responsables se escondían detrás de los lemas de democracia y derechos humanos.
Los escándalos no se detuvieron ahí. En el punto más crítico de la crisis del coronavirus y del colapso económico, las fuerzas del islam político estaban ocupadas con el tema de las “compensaciones para los islamistas”, mientras el pueblo buscaba oxígeno, medicamentos y condiciones de vida dignas. Aquella etapa simbolizó un Estado infiltrado y debilitado, controlado más por lobbies e intereses extranjeros que por la voz del pueblo.
25 de julio… un momento de salvación nacional
Las decisiones del presidente Kais Saied llegaron como respuesta a una amplia ira popular, después de que el país alcanzara el borde del colapso total. Millones de tunecinos salieron ese día en apoyo al proceso correctivo, exigiendo la rendición de cuentas de los corruptos y el fin del dominio del sistema que empobreció al Estado y humilló sus instituciones.
Desde entonces, Túnez comenzó gradualmente a recuperar su soberanía nacional mediante la lucha contra las redes de corrupción y monopolio, la restauración del papel social del Estado y la elaboración de una nueva Constitución en 2022 aprobada por el pueblo tunecino a través de referéndum.
El Estado también adoptó una política exterior más independiente, abriéndose a potencias internacionales emergentes como China y Rusia, lo que inquietó a algunas capitales europeas acostumbradas a tratar a Túnez como un patio trasero y una zona permanente de influencia económica y política.
En la cuestión palestina, Túnez adoptó posiciones claras y firmes. El presidente Saied afirmó que la normalización con Israel constituye una “alta traición” y llamó a apoyar la resistencia palestina, una postura que no agradó a numerosos círculos occidentales que buscan imponer sus agendas en la región.
La oposición en el extranjero… la oposicion busca apoyo extranjero
Hoy, tras fracasar en recuperar su influencia dentro de Túnez, algunos sectores de la oposición se han convertido en instrumentos de presión que operan desde el exterior contra el Estado tunecino. En lugar de presentar soluciones reales a la crisis económica y social, estos sectores se dedicaron a desacreditar la imagen del país en el Parlamento Europeo y en plataformas extranjeras, promoviendo la narrativa de una “nueva dictadura”.
Sin embargo, Túnez sigue siendo escenario de actividad política, protestas y marchas semanales autorizadas y protegidas por el Estado, lo que demuestra la falsedad del discurso que estos sectores venden al exterior.
Más grave aún son los llamados del expresidente Moncef Marzouki a que el ejército intervenga contra la autoridad legítima, un precedente peligroso que refleja el nivel de decadencia política y moral de algunos que afirman defender la democracia. Quien pide a la institución militar intervenir en la vida política no puede hablar de democracia ni de respeto a la voluntad popular.
Además, gran parte de estos sectores está vinculada política e ideológicamente al proyecto del islam político, que apoyó experiencias desastrosas en la región, desde el respaldo al gobierno de Talibán en Afganistán, hasta la justificación del caos en Libia tras la agresion contra la jamahiriya arabe de Libia de Muammar Gaddafi, pasando por el envío de jóvenes tunecinos a focos terroristas en Siria.
Los tunecinos tampoco pueden olvidar el caso de la entrega de Baghdadi Mahmudi a Libia en un período en el que las milicias armadas controlaban la situación, en una clara violación de todas las garantías legales y humanitarias.
El ejército tunecino derriba las ilusiones de golpe de Estado
Frente a estos llamados provocadores, el comunicado del Ministerio de Defensa cerró definitivamente el camino a cualquier intento de involucrar a la institución militar en el conflicto político, reafirmando que el ejército tunecino es un ejército republicano, nacional y neutral, subordinado únicamente al Estado y a la ley.
Este comunicado confirmó una vez más que Túnez no es un Estado de milicias ni una república de golpes de Estado, y que sus instituciones nacionales son demasiado conscientes para dejarse arrastrar por llamados provenientes del extranjero bajo el pretexto de la democracia.
Túnez no volverá a ser un refugio para los islamistas y sus aliados
A pesar de todas las dificultades y desafíos, Túnez libra hoy una verdadera batalla para construir un Estado nacional soberano e independiente, un Estado que no sea dirigido desde embajadas ni controlado por lobbies extranjeros.
Todo tunecino tiene derecho a oponerse al poder y criticarlo; es un derecho constitucional indiscutible. Pero no hay lugar entre los patriotas para quien se arroja en brazos del extranjero y busca apoyo externo contra su propio Estado y su pueblo.
Los últimos años han demostrado que el pueblo tunecino es hoy más consciente del tamaño de las conspiraciones dirigidas contra su país y está más comprometido con su soberanía nacional y con su derecho a construir su futuro lejos del chantaje extranjero y de sus instrumentos internos.
La experiencia también demostró que los tunecinos pagaron un precio muy alto durante los años del gobierno del islam político y sus aliados: colapso económico, caos político y expansión de las redes de corrupción, terrorismo y financiamiento extranjero. Por ello, la batalla actual no es solamente una confrontación entre poder y oposición, sino una lucha por defender el Estado nacional y la identidad civil y soberana de Túnez.
Y el Túnez cuyo pueblo derribó el sistema del fracaso el 25 de julio no permitirá el regreso de los mismos sectores que llevaron al país al borde del colapso, ni volverá a convertirse en un refugio para los islamistas y sus aliados, sin importar la magnitud de las presiones externas y las campañas mediáticas dirigidas contra ella.
Fuente: Sami Maali, organizacion de la juventud arabe, Tunez
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