Con todos esos ejemplos que tenemos de gente dando datos personales e incluso fotografías de sus caras, iris o huellas dactilares a grandes corporaciones, me imagino a un anciano retirado de la STASI pensando: "cuatro meses estuve yo viviendo en la pared tambor de un edificio por si escuchaba a una pareja decir algo mínimamente interesante en el baño ¿y resulta que lo único que teníamos que hacer era ludificar el espionaje, hacerlo divertido para la gente espiada? Anda y que os zurzan"
@LibrosPrestados no puedo estar más de acuerdo y ahora que tengo un hijo y los familiares suben las fotos a esas webs de retoque digital me cabrea muchísimo. pero hasta cierto punto, por desgracia, es inevitable.