Cada día me tienta más aceptar la teoría del ilusionismo de la consciencia. Al observar la inmensa y constante cantidad de dolor que toleramos, perpetuamos y diseñamos como especie, la premisa del ser humano como un agente racional se me derrumba.

Cada vez me tienta más aceptar esta idea: nadie está realmente al volante. Y no me refiero al volante de las sociedades, sino al volante de nuestras cabezas. (1/4)

Cada vez me resulta más atractiva la idea de que somos autómatas de carne, zombis filosóficos; sistemas sensoriomotores complejísimos ejecutando rutinas predictivas y algoritmos biológicos abismalmente subóptimos para este complejo mundo, y que en realidad carecemos por completo de consciencia. Esta no sería más que una ilusión, un engaño de nuestro cerebro. (2/4)
Que llegue a esta postura no nace de un complejo de superioridad, sino de la más profunda decepción. Supongo que de alguna ridícula manera estoy buscando algún consuelo al tratar de entender el mundo en el que vivimos. Resulta mucho menos doloroso procesar esta inercia destructiva y esta crueldad sistémica global si se acepta que no hay una verdadera maldad consciente detrás de ella. Simplemente, la racionalidad y la empatía fenomenológicas no son reales. (3/4)

La consciencia no es más que un atajo cognitivo, una alucinación retroactiva que el cerebro genera para intentar justificar el caos insoportable de la máquina y de los complejos sistemas generados por la interacción de innumerables individuos en sociedad.

Bueno, no es que esté convencido. Pero, como digo, cada día un poquito más tentado. Y aún más en días como hoy. (4/4)

@danielmunoz es posible y probablemente tengas razón 🤔 yo tengo una teoría de la complejidad, que quizá coincide con la religión y "los caminos del señor son inescrutables..."