Cada día me tienta más aceptar la teoría del ilusionismo de la consciencia. Al observar la inmensa y constante cantidad de dolor que toleramos, perpetuamos y diseñamos como especie, la premisa del ser humano como un agente racional se me derrumba.
Cada vez me tienta más aceptar esta idea: nadie está realmente al volante. Y no me refiero al volante de las sociedades, sino al volante de nuestras cabezas. (1/4)
