El 22 de abril de este año se derrumbó un andamiaje en un edificio al que estaban renovando la fachada en Benidorm.
Dos trabajadores fallecieron y un tercero quedó literalmente colgando de un balcón.
Un día de luto oficial, tres minutos de silencio y ya. Como no eran guardias civiles, ningún político se indignó muy fuerte, nadie reclamó la presencia de un ministro en el funeral, ningún columnista ni tertuliano argumentó que fuese insuficiente su dotación de personal o de equipación.