𝑩𝒍𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝑳𝒆𝒛𝒐, 𝒆𝒍 𝒂𝒍𝒎𝒊𝒓𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒂𝒍 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒊 𝒍𝒂 𝒎𝒖𝒆𝒓𝒕𝒆 𝒑𝒖𝒅𝒐 𝒒𝒖𝒊𝒕𝒂𝒓𝒍𝒆 𝒍𝒂 𝒗𝒊𝒄𝒕𝒐𝒓𝒊𝒂
Blas de Lezo y Olavarrieta (1689–1741) fue uno de los marinos más extraordinarios de la historia de España y, sin exagerar demasiado, uno de los estrategas navales más brillantes de su tiempo.
Es conocido sobre todo por la defensa de Cartagena de Indias en 1741, una batalla en la que consiguió derrotar a una flota británica inmensamente superior.
Aquella victoria fue tan humillante para los ingleses que durante mucho tiempo prefirieron no hablar de ella.
A lo largo de su carrera militar, Lezo acumuló heridas tan graves que acabó siendo apodado “Mediohombre”.
No era un mote simbólico: literalmente combatía con medio cuerpo.
▪️Cojo: Perdió la pierna izquierda tras recibir el impacto de un cañonazo en la Batalla de Vélez‑Málaga.
Tenía solo 15 años y ya estaba combatiendo en una de las grandes batallas navales de la Guerra de Sucesión Española.
▪️Tuerto: En la Batalla de Tolón una astilla le destrozó el ojo izquierdo.
▪️Manco: En el asedio de Asedio de Barcelona quedó con el brazo derecho prácticamente inutilizado.
Lo curioso es que estas mutilaciones no frenaron su carrera; al contrario, siguió ascendiendo por su capacidad táctica y su carácter feroz.
Nació en 1689 en Pasajes de San Pedro (hoy Pasai San Pedro).
Su familia pertenecía a la pequeña nobleza vasca y tenía una fuerte tradición marítima.
Aquella zona vivía del mar: astilleros, comercio, pesca… crecer allí significaba escuchar historias de galeones y guerras navales desde niño.
Con apenas 12 o 13 años fue enviado a Francia para formarse como guardiamarina en la marina francesa.
En aquel momento España y Francia estaban aliadas bajo la casa de los Borbones, por lo que muchos jóvenes españoles se formaban allí.
En 1725, ya convertido en un oficial reconocido, se casó en Lima con Josefa Mónica Pacheco Bustíos y Solís, una joven criolla de apenas 16 años.
Él tenía 36.
Tuvieron siete hijos:
▪️Blas Fernando
▪️Josefa Atanasia
▪️Cayetano Tomás
▪️Pedro Antonio
▪️Agustina Antonia
▪️Eduvigis Antonia
▪️Ignacia Antonia
Dos nacieron en Lima y los demás en España, principalmente en Cádiz y El Puerto de Santa María.
Su relación matrimonial, según varias cartas y documentos, no fue especialmente feliz.
Las largas ausencias de Lezo en el mar y su carácter duro generaron distancia.
Además, parece que su esposa tenía un estilo de vida caro y poco control con el dinero, lo que obligó al almirante a pedir préstamos en varias ocasiones.
La fama eterna de Lezo llegó durante la Guerra del Asiento (1739–1748), también llamada Guerra de la Oreja de Jenkins.
En 1741, el almirante británico Edward Vernon apareció frente a Cartagena con una fuerza gigantesca.
Fue una de las mayores expediciones anfibias del siglo XVIII.
Las cifras aproximadas hablan de:
casi 200 barcos
unos 25.000 soldados
miles de marineros y colonos armados
Frente a ellos, Lezo contaba con algo así como:
6 navíos de guerra
unos 3.000–4.500 hombres, entre soldados, marinos y milicias
La defensa fue una obra maestra de estrategia.
Lezo aprovechó las fortificaciones, hundió barcos para cerrar canales y obligó a los británicos a atacar posiciones imposibles, especialmente el fuerte de Castillo de San Felipe de Barajas.
Tras meses de asedio, enfermedades tropicales, errores tácticos británicos y una defensa feroz, la flota inglesa terminó retirándose con enormes pérdidas.
Fue una de las derrotas más grandes de la historia de la marina británica.
Tan convencidos estaban de su victoria que en Londres llegaron a acuñar medallas celebrando la supuesta derrota española antes de que terminara la campaña.
Lezo no era precisamente un hombre fácil.
Era orgulloso, terco y explosivo, y eso le causó constantes enfrentamientos con autoridades civiles.
Su gran rival fue el virrey de Nueva Granada, Sebastián de Eslava.
Ambos chocaron durante la defensa de Cartagena.
Después de la batalla, Eslava intentó minimizar el papel de Lezo e incluso culparlo de algunos problemas durante el asedio.
Ese conflicto político explica en parte por qué su victoria no fue celebrada en su momento como merecía.
Como marino del imperio español del siglo XVIII, Lezo también formó parte de un sistema colonial duro.
Su misión consistía en proteger las rutas comerciales, lo que incluía el comercio transatlántico de esclavos y el mantenimiento del sistema imperial.
No se le conocen grandes vicios personales como el juego o el alcohol, pero muchos historiadores coinciden en algo: su obsesión por el deber y el honor era casi enfermiza.
Si estaba convencido de que su plan era el correcto, podía ignorar órdenes superiores.
SIGUE ↘️




