Cuando el sistema de válvulas no trabaja en el momento exacto, el motor pierde fuerza, consume más y empieza a sonar diferente. Aquí es donde entra el árbol de levas con sus lóbulos: al girar, empuja el balancín o seguidor y vence la fuerza del resorte para abrir la válvula.

Cuando el lóbulo deja de empujar, el resorte devuelve la válvula a su asiento y la cierra otra vez. Ese abrir y cerrar ocurre miles de veces por minuto, siempre sincronizado con el giro del motor.

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